Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Loca Ivana

Google y Amazon estaban aprovechando su IA para reducir costos de refrigeración y energía en sus datacenters. Microsoft consideraba llevarlos bajo el mar y Facebook empezó a construirlos en países fríos. Nosotros ya estábamos en Islandia.

Entrevista a Einar Laxness, CEO de Vestman Computing
Unwired · 2021

Apartamento de Ivana y Kris
Heimaey, Islas Vestman, Islandia

Las Islas Vestman son un lugar inhóspito, al sur de Islandia. Probablemente su destino habría sido permanecer casi deshabitadas hasta el fin de los tiempos, si no fuera porque el frío las convirtió en el emplazamiento ideal para instalar datacenters.

Los servidores consumen mucha energía y también generan mucho calor. Con la llegada del bitcoin todavía fue necesaria una mayor capacidad de cómputo. El coste de la electricidad que alimenta un servidor, más la imprescindible refrigeración, son factores tanto o más importantes que el del hardware o las comunicaciones. En conjunto definen el coste del producto.

La mejor forma de ahorrar en la refrigeración de los ordenadores fue ir instalando las granjas de servidores, los datacenters, en lugares cada vez más fríos. Heimaey, la mayor de las islas Vestman, era un lugar perfecto: contaban con energía barata y bajas temperaturas todo el año. Así se instaló el primer centro de datos, que desde el principio se orientó hacia tareas que demandaban cálculo intensivo. El minado de bitcoins fue su labor principal.

Más tarde, cuando se tiró la Big Fiber hasta Reikiavik, las empresas especializadas que se ubicaron fueron ampliando sus servicios al contar con una mayor conectividad. Los relacionados con el big data y la inteligencia artificial, que también demandan mucha potencia de proceso, llegaron a continuación.

Con la explosión de la pandemia, el lugar se hizo aún más atractivo y tras un datacenter llegó el siguiente y luego otro más. Porque a las ventajas operativas de Heimaey, había que sumar el hecho de no contar hasta el momento con ningún caso de contagio de los virus que asolaron el mundo. Puede ser porque los lugareños están más que acostumbrados al aislamiento, y los cientos de frikis tecnificados que llegaron de fuera, constituían un colectivo fácil de integrar. Vivir en una de las regiones menos habitadas del mundo, en una isla minúscula, a la que solo se puede llegar en un ferry, completó la lista de ventajas. 

Y de esta manera, en unos pocos años, los 4.000 habitantes de Heimaey se convirtieron en 6.000. La población creció hasta que ya no hubo más espacio para construir. En una isla que no tiene más de 5 km en su lado más largo esto ocurrió rápidamente.

Si bien las bajas temperaturas son una ventaja para la instalación de datacenters, no lo son tanto para los individuos. Las relaciones interpersonales se tornan peculiares en un lugar donde la media anual no llega a los 5º. Las temperaturas islandesas invitan a permanecer en casa buena parte del año. 

En la terraza de su apartamento, Ivana Bulgakov, jefa de ciberseguridad en Vestman Computing, fuma un cigarrillo observando un viejo termómetro de mercurio. Hoy no ha pasado de los 10º en pleno mes de julio y con más de 20 horas de luz. Un detalle, el del frío, que incomodaría a cualquiera que no hubiera nacido en Jarkov. Y que no hubiera crecido y estudiado en San Petersburgo y Helsinki. Sin embargo, no le costó demasiado adaptarse ni a las temperaturas, ni a los modos de vida de países tan distintos como Italia, Australia o Canadá.

Piensa en esos contrastes mientras sus ojos se pasean por el yermo paisaje de Hianamey. La isla no tiene ni un puñetero árbol, ni vegetación digna de ese nombre, más allá de la rala hierba que crece en verano, o un ocasional arbusto en el jardín de alguna casa. Si ella no hubiera vivido ya en condiciones parecidas, hubiera sido aún más triste. Ivana sin embargo, encuentra hermosas esas florecillas amarillas que crecen de verano en verano entre la hierba. Le parecen todo un ejemplo de supervivencia.

También encontraba hermosa a la gente de la isla, una belleza fría, que de forma llamativa poseían una buena parte de sus habitantes. No había visto nunca tanta gente guapa en un mismo lugar, hombres, mujeres, de cualquier edad. Aunque a ella le interesaba más la de los hombres, en concreto la de uno. 

 Justamente en ese momento suena el característico sonido de llamada de Skype e inmediatamente la voz de su novio Kris Gunnarsson, que la saca de su ensimismamiento, y le dice en islandés:

—¡Te suena el Skype!

Sonriendo, apaga el cigarrillo en un lata de cerveza cortada, a rebosar de colillas, y entra en la habitación que hace de sala principal y dormitorio del pequeño apartamento. Todo un lujo en Heimaey.

Se sienta delante del ordenador y acepta la llamada entrante. La imagen de su cliente y amigo Arthuro Zonar, aparece en la pantalla. Llevan años trabajando juntos y colaborando en numerosos proyectos. Aunque son muy diferentes, se llevan bien. 

¡Hola Arthuro!

¿Qué tal Ivana?

Disfrutando del tiempo, ya sabes —no puede dejar de hacer bromas rusas. Sus chistes suelen mostrar más melancolía que sentido del humor.

Seguro —acepta Arthuro divertido— ¿qué tiempo hace por ahí ahora?

Unos 10º. Ha sido un buen día, llegamos a los 12.

Jajaja. Seguro. Un día magnífico sin duda, ponte crema solar —ambos ríen—. Me están agobiando los casi 25º que se prevén hoy para aquí. 

—Un día intercambiamos casa y probamos un par de semanas. Estoy segura de que lo disfrutarías.

Te diría que hecho —responde Arthuro divertido—, pero ¿en qué se puede emplear el tiempo en una isla de 10 km2 durante dos semanas, con dos niños, uno de ellos adolescente y un frío del carajo?

Hey, son 13 km2. No hace falta ofender.

Se escucha un murmullo de fondo, algo en islandés, a espaldas de Ivana…

Perdón —contesta su amigo, poniendo una cara que pretende ser de disculpa, pero que solo consigue la carcajada de Ivana.

Jajaja.

Ivana continúa tras rehacerse. Le divierten las charlas con Arthuro, es de los pocos amigos que tiene que no son frikis. Además puede tener conversaciones medio normales con él.

No, te lo digo en serio. Sería una experiencia para tus hijos y con el ferry estás en Reikiavik en un par de horas. Islandia tiene mucho encanto. Fenómenos de la naturaleza y paisajes que no podrás ver en casi ningún lugar del mundo… 

Pues te tomo la palabra. En Oregón tienes un lugar para ti y para…

Kris —responde Ivana, echando una breve ojeada a su pareja a ver si se ha dado cuenta. No lo parece o no lo demuestra.

Pues aquí tenéis un lugar tú y Kris, cuando te apetezca.

Así hablamos de esas cosas que tenemos pendientes.

Me parece bien. Ahora vamos con el informe que has enviado. 

El diálogo continúa durante un buen rato, sobre algunos temas de seguridad, relacionados con el proyecto de uno de los clientes de Arthuro. Es una actividad que realiza en paralelo a su trabajo habitual. En estos tiempos nunca se sabe cuándo se puede quedar uno sin ingresos durante semanas o incluso meses.

Ivana también está preocupada. Pueden morir de éxito con el proyecto que están preparando y esas cosas siempre son un riesgo, porque le acaban rebotando a ella. No tiene ningún sentido invertir mucho dinero en marketing, si la web no es accesible por un exceso de tráfico, por no elegir un proveedor de hosting fiable. Requiere un modelo más escalable y ahora mismo no lo tienen. Su amigo toma nota de las sugerencias y se compromete a considerar las alternativas que ella propone.

Antes de despedirse, Ivana recuerda a Arthuro la conveniencia de usar Kookumbar para comunicarse. Es un medio más seguro para chatear y él le asegura que también lo tendrá en cuenta. Cuando cortan la comunicación, Ivana se queda pensando durante un buen rato en eso que tiene pendiente con Arthuro y en su propuesta para ir a Oregón. Al cerrar Skype, la pantalla abierta del Koo está esperando a que se identifique. Muestra su nick: Dorsett.

—Kris ¿te gustaría pasar un par de semanas en Oregón? —pregunta con la vista aún fija en la pantalla.

—Claro. ¿Arthuro? —él ha escuchado toda la conversación, porque Ivana no ha utilizado los cascos. Su chica se está relajando con él, es una buena señal, piensa sonriendo. Las rusas son aún más suyas que las islandesas, que ya es decir.

Se acerca hasta donde está sentada, la abraza por detrás apoyando su barbilla sobre la cabeza de ella y se pone a jugar con un mechón de su pelo. Es de un precioso tono castaño, tan peculiar que se asemeja al suyo, que es pelirrojo. Se piensa un momento la pregunta que no sabe si hacer…

—No tengo que ponerme celoso, ¿verdad?

Ivana gira su sillón de juegos Skylab, en preciosa piel gris y negra del que está tan orgullosa. Se miran fijamente. Se parecen bastante en casi todo, aunque él es más friky y ella es una activista. Por eso hacen una buena pareja.

—No. No deberías —afirma la hacker sin darle mayor importancia—. Y sí, Arthuro nos ha invitado a pasar unos días por allí cuando queramos.

Entre ellos hablan en inglés, aunque Kris está intentando que su novia aprenda algo de islandés. Lo justo, porque tiene claro que no le hará falta, este no será su destino definitivo. Él mismo se irá y prefiere pensar que acabarán haciéndolo los dos. Juntos.

Su retorno a Islandia solo ha sido un paréntesis para cuidar a su madre enferma, ya recuperada. Y la parada en esta isla ha sido aún más circunstancial, un trabajo con un buen sueldo, con el premio extra de encontrar a Ivana. A Kris no le gusta este clima, ni la forma de vida de sus paisanos. Después de haber pasado unos años por el sur de Europa, echa de menos a sus amigos de Lisboa, el clima de Málaga, las playas de Cádiz y la fiesta, el sol, quedarse hasta las tantas bebiendo cerveza, sin morirse de frío. La alegría de vivir. 

Aunque ama a su país no tiene nada que ver con el islandés medio. Definitivamente habría que ir pensando en emigrar y Oregón, cualquier otra ciudad de Estados Unidos en realidad, podrían ser un buen lugar para empezar una nueva etapa.

—Pues estaría muy bien —responde Kris—. ¿Cuándo nos iríamos?.

—Vamos a pensarlo. ¿Vale?

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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4 comentarios

  1. LUISA JIMENEZ

    Me encanta la historia. Muy creíble en todo.
    El trabajo, el lugar, la relación que surge en circunstancias tan aleatorias y me fascina cómo se adaptan a vivir al día.
    Son los nómadas 2.0

  2. Victoria

    Me encanta . Realmente te vas superando. Engancha la naturalidad de los personajes., Me ha gustado mucho cómo los has relacionado. La facilidad de los medios actuales.

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