Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Dos contra uno

Actualmente existen numerosas herramientas de mensajería segura disponibles. Pero mi favorita es Kookumbar, un proyecto Open Source desarrollado por gente que procede de Anonymous, o eso dicen. Koo cifra las comunicaciones que se envían entre usuarios y así permanecen, con una mezcla de información biométrica y claves fuertes, prácticamente irrompible. A no ser que te secuestren claro.

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D. K. Stronger, Los Angeles Weekly · 2021

Chat entre AKA, Anna y Enri

Tras negociar unos minutos, Anna y Enri se han puesto de acuerdo. En realidad  no es más que un juego, porque al final es un tú eliges hoy, mañana yo. Lo que pasa es que intentan convencerse mutuamente de que el turno está equivocado, y esa pequeña pelea de mentirijillas ya se ha convertido en parte de su ritual.

A Enri le divierte ese momento. Vale la pena solo por ver cómo Anna arruga la nariz, sube el tono y empieza a hacerse la enfadada, mientras comienza a arreglarse el pelo, que siempre le huele de maravilla.

A punto de empezar a jugar, aparece una notificación de una llamada entrante en Kookumbar. Es AKA. 

AKA les recomendó esa mensajería, que es la misma que utiliza con sus colegas del lado oscuro, como les llama Anna. Kookumbar o Koo, era un fork de Signal, una aplicación de mensajería segura, con encriptación de extremo a extremo. Signal fue bastante popular entre las comunidades más frikis, introducido por Edward Snowden y gente relacionada con Wikileaks. Después, entre ellos y los de Anonymous desarrollaron algo completamente diferente: una red de mensajería descentralizada, segura, en la que el usuario no necesita identificarse con el móvil o el email. 

Siempre que es posible, Koo usa información biométrica del usuario para reforzar el id que elige. Eso, más una contraseña fuerte, crea un perfil bastante más seguro que el de las aplicaciones que se usan habitualmente. Por eso la utilizan los chicos malos y hackers como AKA, en su actividad menos pública.

Mientras la llamada entrante suena Enri mira a Anna, que asiente como dando permiso. 

—Hola tío —se escucha la voz del amigo. Koo tarda un segundo, antes de desencriptar el stream de video por primera vez y mostrar la imagen.

—Qué pasa AKA. ¿Qué haces por aquí tan temprano? —pregunta Enri.

—No me des la brasa. ¿Sabes que cada día te pareces más a mi madre?

—Deberías dormir más, es bueno para el cutis —saluda divertida Anna, poniendo tono de profesora, sabiendo que a AKA le gusta trasnochar.

—Lo que me faltaba, la parejita tocando las narices a duo de buena mañana… 

Los tres se ríen casi al unísono. También es una broma habitual entre ellos.

—Bueno. Y además de darme la plasta… ¿qué hacéis? —insiste AKA.

—Íbamos a jugar —contesta Enri—. Si te quieres unir o pasarte por aquí, te esperamos…

—No tíos, no puedo, solo tengo un momento. Mi madre quiere que vaya con ella a comprar algo al centro comercial, planazo… —resopla, dejando claro lo poco que le apetece—. Pero os llamo por otra cosa. ¿Habéis oído hablar sobre Pink-a-Gram?

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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