Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

¡Triple de Sam!

Hemos ido evolucionando no solo en las compras (menos papel higiénico y más cerveza muestran ya una cierta veteranía). También ha ido llegando la toma de conciencia de que el supuesto tiempo extra derivado de quedarse en casa durante la cuarentena, olvidémoslo, no va a volvernos más productivos. Solo era otra de las ingenuas mentiras que nos contábamos sobre el coronavirus cuando aún no entendíamos la dimensión de la tragedia.

M. García Aller. El Confidencial · 2020

Casa de los White
Springfield. Oregon

Samuel Lincoln White está haciendo unas canastas en el patio de su casa. A su aire, en total libertad, sin protección alguna, no usa mascarilla, ni guantes. No es necesario, está en un recinto privado y cerrado.

Disfruta del último sol de la tarde practicando su deporte favorito, el baloncesto. Y también para desahogarse, después de la charla que le han dado sus padres a la hora de comer. Hoy han coincidido los tres en casa y le han preguntado por el último examen. Como no le salió bien, ellos suponen que ha suspendido, él también.

Le ha caído una buena, anda que no se han despachado a gusto por una nota que aún no saben. Y ni siquiera era difícil. El bueno del profesor sustituto no quería dejar un mal recuerdo de su paso ocasional por la clase. Así que salvo milagro, la segunda parte de la charla paterna vendrá en breve, la que tendrá consecuencias.

Otro triple. Por un segundo es el puto amo. A menudo se pierde en sus sueños, en uno de ellos se ve jugando en su equipo favorito, los Portland Trail Blazers, con el público enloquecido cada vez que encesta. Y a ella mirándole como aquel día, en el supermercado, de esa manera tan especial.

Sam está enamorado aunque ella no lo sabe. Tampoco sabe lo que le ha cambiado la vida desde que él la miró como si no la hubiera visto antes. Por si no tenía ya bastante lío en su cabeza, ahora las horas muertas soñando y medio atontado tienen cara y nombre de mujer. Es la primera vez que le pasa, eso de que le guste alguien. Algo le dice que no será fácil, pero soñar es gratis. 

Quiere ser profesor de Educación Física. Le encanta el deporte, pero todo lo que no sea eso, le da un poco igual. Arthuro Zonar, con el que comparte afición por el baloncesto, dice que no le extraña que Sam no tenga inquietudes. Sus padres, Alma y Oscar White, las tienen todas: políticas, económicas, sociales… Y en cambio, a Sam todo eso le importa un pimiento.

Lo que más rabia le da es que entiende a sus padres. Oscar es periodista, de los que ven una noticia en lo más insignificante, siempre hay algo que contar. También es director y editor de The Springfield Register donde trabaja, junto a Selma su secretaria-administrativa y John el veterano vendedor, que lleva muchos más años que él y está a punto de jubilarse. Vocación pura y dura, porque le da bastantes dolores de cabeza sacar el periódico adelante y aún así, no abandona. Los propietarios no lo han cerrado porque los números han ido saliendo y en los últimos años incluso han mejorado. Desde que empezó la pandemia la gente consume más información.

Alma, su madre, trabaja como investigadora independiente para la Fiscalía. No se le escapa nada y dice que la gente siempre miente. Un sabueso que no suelta a su presa jamás. Es incansable.

Raramente coinciden ambos en casa, pero cuando lo hacen su padre y su madre son una bomba, un periodista y una investigadora que juntos no dejan títere con cabeza. Le agotan.

A semejantes padres debe parecerles ridículo que le agobien los deberes o que una asignatura se le atragante. Lo nota cada vez que le hablan como a un crío pequeño, le hace sentirse lo peor, un fracasado.

Comprende que su manera de ser les irrite. Tiene todos los medios para estudiar, sin problemas de pasta, ni de espacio, ni de nada y aún así no le va bien en los estudios. A pesar de las veces que se promete, después de algún disgusto, que no volverá a pasar y que a partir de ese momento estudiará más.

Oscar y Alma no tienen nada en contra de su inclinación por lo deportivo. Ellos mismos son aficionados al deporte, lo practicaban en serio cuando eran más jóvenes, pero intentan inculcarle interés por otras cosas. Quieren que sea más ambicioso porque tiene la capacidad necesaria, solo quieren que se centre. El futuro ya es de por sí incierto. El que vivirá Sam estará marcado por los efectos de la pandemia. Su madre le repite a menudo que el mundo que no era fácil, aún será peor.

Un poco por compensar, por demostrar que está más comprometido de lo que dicen, está colaborando en un proyecto de su amiga Anna, Pandemiaddict.com. Sam aquí aporta contenidos deportivos, graciosos, memes… Es una manera de sentirse útil y como dice su “segunda madrecita”, Anna, de que aprenda todos los días algo que de otra forma no haría. Se cruza con palabras que no conoce, con lugares que sitúa en el mapa. Es estimulante y muy diferente a la rutina de la escuela. ¿Por qué los estudios no podrían ser eso? ¿Por qué no entienden sus padres que podría ganarse la vida así?

Mete otro triple. La imagen de la cancha coreando su nombre le hace sentirse bien, un poco mejor. Tal vez mañana cuando sepa las notas se le complique el verano. Sus padres son buena gente, pero cuando se enfadan…

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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