Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Coca Cola Zero

You're in the yard, I light the fire
And as the summer fades away
Nothing gold can stay
You write, I tour, we make it work
You're beautiful and I'm insane
We're American-made

Estás en el patio, enciendo el fuego
Y a medida que el verano se desvanece
Nada bueno puede quedar
Tú escribes, yo paseo, hacemos que funcione
Eres hermosa y estoy loco

Venice Bitch
Lana Del Rey

Heladería. Springfield

Los chicos son animales de costumbres. Quedan siempre a la misma hora, a las 3PM, en la misma heladería. Van llegando hasta el aparcamiento y entran juntos. Antes de la pandemia era más fácil, la vida ha perdido espontaneidad. Ahora hay que pedir hora y por supuesto seguir todas las normas de higiene, además de pasar por los puñeteros arcos desinfectantes. 

Su mesa favorita sigue siendo la misma. Una que está al fondo de la cafetería ante un enorme ventanal desde el que se ve el parking. Está un poco separada de las demás y siempre les ha dado sensación de intimidad. A eso hay que añadir que tras la pandemia, hay mamparas protectoras y un mayor espacio entre mesas, lo que aumenta la sensación de estar aislados, aunque haya más gente. 

Acude a atenderles Liss, la camarera que los ha visto crecer. Prefiere hacerlo en persona en lugar de usar el asistente para pedidos que hay disponible en cada mesa. Anna pide un batido de vainilla, Enri un helado con chocolate y nueces y AKA su eterna Coca Cola sin azúcar. Este momento también suele ser productivo en risas y pitorreo.

—Para guardar la línea ¿no? —dice Enri con guasa.

—Tío, no sé cómo puedes ser tan gracioso —replica AKA.

Les divierte que AKA que se alimenta básicamente de comida basura, sobre todo cuando su madre se descuida, pida siempre una cola sin azúcar. Y que les dé una charla sobre las calorías que tienen sus helados y batidos, lo malos que son para la salud, precisamente él, que se cuida lo justo.  

 —Bueno, suéltalo ya —dice Anna. 

Estas convocatorias en plan misterioso de su amigo el hacker son habituales. Está obsesionado con la privacidad y la seguridad. Sospecha de todo y de todos. Sus amigos le siguen el rollo, confían en él porque realmente es inofensivo, pero cuando se pone en plan paranoico…  Anna, le dice de coña que deje a los del lado oscuro y que salga más a que le dé un poco el aire, sobre todo en el cerebro.

—Supongo que ya habéis apagado los móviles y quitado la batería… —Anna afirma.

—Espera, pido unas galletas, tengo hambre… —Enri, usa la app de su móvil en lugar del asistente, es una costumbre. Antes de hacer lo que le indica AKA— Ya está.

En eso llega la camarera. Deposita sonriente el pedido en la mesa y les desea buen provecho. Qué mayores se han hecho estos chicos que hace nada venían cogidos de la mano de sus padres…

—Se trata de Sam. 

—Eso ya nos lo has dicho antes. ¿Qué pasa?—pregunta Anna.

—No os asustéis…

—¿Quieres hablar ya? —insiste Enri.

—Ayer por la noche estuve chateando con él —sigue AKA—,  me dijo que el examen de historia le había salido fatal.

—Joder, vaya novedad ¿era eso?

—A Sam casi nunca le salen bien, pobre —replica Anna—. Mira que sabe cosas, que a mí me las ha llegado a explicar. Pero luego no sé qué le pasa que hace unos exámenes de pena. Siempre acaba aprobando por los pelos.

—Ya, pero el caso —AKA baja la voz tanto como puede—, es que me he metido en el sistema de la escuela y…

—¡AKA! —exclaman al unísono sus amigos.

—…Y ha suspendido el examen. Tendrá problemas en el insti, además de la que le va a caer en casa. He pensado que voy a cambiarle la nota. 

—Pero eso, eso… ¿puedes hacerlo? —pregunta Anna—  No está bien.

—Es Sam… —dice Enri.

—A ver poder, puedo. Y ya se que no está bien, Santa Anna. Ya sabéis que yo no me meto en cosas raras, veo, investigo y poco más. No me dedico a hacer estupideces que me puedan complicar la vida. Pero en este caso quiero hacerlo. Os guste o no me siento obligado, él me ha defendido mil veces. 

Permanecen en silencio unos instantes.

—Es fácil. Cambio una respuesta y examen aprobado. Le evita problemas en casa y en el colegio. Nos podemos encargar después de ayudarle en lo que necesite.

Anna pone cara de no estar conforme. 

—¿Qué pasa Anna? 

—Que no es justo. También les habrá pasado a otros. A ellos nadie va a ir a subirles la nota y a solucionarles un problema. Seguro que a Sam no le gustaría hacer trampas.

—No se lo voy, no se lo vamos a contar—la voz de AKA es seria—. Solo quería comentarlo con vosotros para que me dierais vuestra opinión. 

—Yo digo que adelante.

—Pues yo… no sé… —es la respuesta de Anna.

—Dos a uno, así que hecho. Y ni una palabra, ni a él ni a nadie. ¿Estamos?

Asienten a la vez.

—Y, ¿no te pillarán? —pregunta Enri.

—Mi padre es miembro del Consejo. Será fácil acceder a su ordenador y reventarle las claves, puedo acceder desde ahí. Tranquilos que nadie se dará cuenta.

A Anna se le nota en la cara que eso no le parece bien. Es decir, sí, un poco. Sam aprobará y tendrá un problema menos, pero suspender le ayudaría a espabilar de una vez. Ella misma se pone muy nerviosa, cuando ve que lo suyo con los estudios es simple falta de voluntad, que sí tiene para otras cosas, como el deporte. 

Continúan con su merienda. Los que meriendan claro, porque AKA se ha tomado casi de un trago su Coca Cola, mientras les mira con una cara que provoca la risa de Anna y de él mismo. Enri, muy entretenido con su helado, se acaba riendo también sin saber de qué.

—¿Quieres una galleta?

AKA la acepta a regañadientes, aunque por dentro agradece que Enri se haya apiadado de él.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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