Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Adoctrinar no está bien ¿no?

If trouble was money, I'd swear I'd be a millionaire
If trouble was money, babe, I'd swear I'd be a millionaire
If worries was dollar bills
I'd buy the whole world and have money to spare

Si los problemas fueran dinero, te juro que sería millonario.
Si los problemas fueran dinero, nena, te juro que que sería millonario.
Si los problemas fueran billetes de dólar
Me compraría el mundo entero y tendría dinero de sobra


If trouble was money
Gary Clark Jr.

Reunión virtual en casa de los Zonar

Es inevitable que dos personas interesadas por lo que ocurre en el mundo acaben discutiendo. Es lo que les ocurre a Ivana y Arthuro, pero además a él, le preocupa mucho el futuro en el que vivirán sus hijos. Al margen de sus proyectos en común, mantienen encendidos debates sobre política, economía, el poder y el rollo de la dominación mundial que tanto le interesa a la hija de la Perestroika transmutada en furibunda liberal, como le dice él en broma.

Hoy están hablando de seguridad y libertad. De cómo se deberían gestionar los asuntos que afectan a todos, desde una perspectiva social, que es en lo que más coinciden. Arthuro es un demócrata de libro, votante de Obama, defensor del Presidente Gates, más realista que los socialdemócratas europeos.

Ivana por su parte, está mucho más cerca de los postulados libertarios neoclásicos. La reacción que ella considera lógica, a una niñez y primera juventud en su Ucrania natal y más tarde en Rusia, en un entorno aún teñido de rojo. Ambos coinciden en lo básico, las tres eles: libertad individual, libertades civiles y libre mercado, a lo que suman justicia social e igualdad de oportunidades que permitan ascender en la escalera social. En los detalles raramente coinciden.

Ahora mismo están charlando por el Koo.

—Arthuro, no estás hablando con tus hijos, soy Ivana.

—Tienes razón, disculpa. Pero es que tengo que velar por el futuro de Emma y Enri L. A veces esperamos lo mismo de nuestros dirigentes, algo de seguridad. Al margen de cualquier otra cuestión.

—Comprendo esa angustia paternal, pero ¿eso justificaría la dictadura?

—Pues depende. Creo que en este momento para la gente prima la seguridad. Pero los jóvenes quieren algo diferente. Mira, ahora mismo tengo a los amigos de Enri en el jardín, si quieres les preguntamos.

—Por mí bien, claro, aunque mejor díselo primero. Igual somos demasiado viejos para que quieran quedar con nosotros.

—Habla por ti guapa

—Ya. Pero tú pregunta…

Anna, AKA y Sam están en el jardín de atrás de la casa de Enri. Siempre que tienen ocasión los chicos arrastran al hacker fuera de casa para despegarlo de los ordenadores.

—No te pases tampoco —le está diciendo Anna a Sam— que ya es bastante que ha salido a que le dé el sol…

-—Ya ves, flojo que me habéis pillado —señala AKA.

—En serio tío, te pasas mil horas sin moverte —insiste Sam.

—Ayer fui al centro comercial.

—Y esperaste a que te llevase tu madre en coche —se burla su amiga—. Caminando se llega en 10 minutos.

—Claro, yo no soy como vosotros… Que os hacéis todos los días diez millas corriendo…

—Yo hago por lo menos tres… —dice Sam— Cinco si puedo. Y casi todos los días.

Enri sale en ese momento de la casa.

—Bueno, qué ambientazo. Ya estáis todos discutiendo. No esperaba menos.

Es Anna quien le pone al tanto.

—Aquí con el ser más vago de este lado del universo. Nos critica que no hagamos deporte a diario. Anda que…

Enri deja en la mesa una bandeja con una jarra de limonada, unos vasos y algunas chuches. El hacker se levanta instantáneamente a ponerse un refresco.

—Dice mi padre que si nos apetece charlar con una amiga suya. Está en el Koo. Es jefa de seguridad informática, ¡vive en Islandia! ¿Te apetece AKA?

—A mí sí —responde Anna.

—Si es dentro de tu casa, con el aire me interesa. Y si la amiga está buena más —contesta el hacker.

Le caen unos cuantos almohadonazos de Anna y algunos codazos de Sam, entre risotadas, para que no siga por ahí.

—Lo que digáis —replica Sam—. ¿Tú que dices Anna?

—Pues no sé. Igual nos cuenta algo que nos valga para Pandemiaddict, ¿no? Si es un rollo tipo AKA, nos vamos y ya está —le hace un guiño al hacker.

Enri entra y le dice a su padre que ok, los demás le siguen con las bebidas. Se acomodan alrededor de la pantalla en la que se ve un paisaje que debe ser islandés. 

Una tía moña piensa AKA, así no se vé si está buena…

—Bueno chicos, os presento a Ivanna, mi amiga islandesa…

Arthuro está a punto de decirles que la ha invitado a venir un par de semanas, pero recuerda a tiempo que aún no se lo ha dicho a su mujer.

—Hola muchachos —se escucha la voz con el peculiar acento ruso o lo que sea—. ¿Qué tal estáis?

Los chicos saludan amablemente.

—Estamos hablando de una cosa —introduce Arthuro—. Ivana sostiene, que la manera de gobernar o gestionar un asunto o una sociedad, no tiene nada que ver con el color político. Hablamos de cómo se ha llevado lo del coronavirus. Que gobiernos de derechas lo han hecho bien, como en Polonia, y otros de izquierdas mal, como en España. Y viceversa. A ver qué pensáis.

Arthuro pone cara de circunstancias al ver los suspiros de los chavales. Si se quedan más de diez minutos será un milagro.

Comienza Ivana

—Muy bien, estamos diciendo que un gobierno totalitario lo tiene más fácil. La ausencia de libertad, el control férreo de la población le permite hacer lo que quiera, da igual su orientación política.

 —¿Qué es totalitario? —Pregunta Sam.

 —Un Gobierno que no es democrático, que no consulta las decisiones a la población. Una persona o un grupo pequeño son los que deciden lo que se hará.

—¿Y férreo?

—Empezamos bien—protesta AKA. 

—Un control muy fuerte, Sam.

 —Exactamente Anna. Países tan diferentes como Polonia, Dinamarca, Alemania, China, Taiwán, o Corea del Sur, no pararon su actividad económica durante la crisis, o no totalmente. A pesar de eso, consiguieron evitar y frenar la propagación del contagio, con medidas de sentido común: uso de mascarillas y guantes, lavado frecuente de las manos, no contaminar nada de lo que se toca… En definitiva, no llevar el virus ni a casa ni al trabajo y al primer síntoma, aislamiento voluntario. Eso ya disminuye la posibilidad de contagio en más de un 90%, la tasa de contagio pasa de 5 a 10 personas a menos de uno. El virus casi desaparece solo. Aunque tenga consecuencias.

 —Pero eso está muy bien, ¿no? —pregunta Enri.

 —Sí, atajar una pandemia así es un logro, pero obliga a imponer un mayor control. Esas medidas deberían tomarse de forma voluntaria. Sin embargo, hay que imponerlas desde el gobierno y castigar a los desobedientes. Los gobiernos democráticos actuarán por el bien de la mayoría, pero otros lo aprovecharán para vigilar más de cerca a los ciudadanos. Los que apoyan a estos gobiernos más controladores, tienen algo en común: se sienten cómodos con esa dominación. Prefieren sacrificar libertad por seguridad.

 —¿Dominación? —es Anna quien pregunta.

 —Creo que Ivana exagera con lo de la dominación —aprovecha Arthuro—. Claro que hay grupos de presión, gente poderosa que intenta imponer sus planes, pero los gobiernos y las agencias los controlan. Eso de la dominación puede funcionar en algún país, pero a nivel mundial sería complicado.

 —Tienes razón, en parte —apoya Ivana—. Es así en Estados Unidos, o en países en los que prevalece la libertad sobre el poder omnipresente del Estado. Pero no en aquellos donde los ciudadanos no tienen ningún control sobre sus gobiernos. Por ejemplo, en China o Rusia ni el sistema, ni las instituciones, juegan en favor de la sociedad.

 —¿Qué es omnipresente? —la pregunta es de Sam. 

 —Estar en todos los sitios—responde Ivana.

 —¿Todos los países comunistas son totalitarios? —Es Anna la que lanza la pregunta.

 —Sí, pero no solo ellos. Hay tantos o más gobiernos autoritarios de derechas que de izquierdas. Lo importante es darnos cuenta de que está en juego la libertad, no de hacia qué lado esté escorado un gobierno. Esa es la clave.

 —Ivana, ¿eso qué significa? —Enri interviene por primera vez. 

Arthuro lo mira intentando disimular el orgullo que le produce. Si lo ha pillado todo hasta ahora es que se entera más de lo que pensaba.

 —Hay países en los que funciona el concepto de la democracia pero han tejido una maraña legal que hace que al final la libertad no sea real. España, por ejemplo.

 —¿España? ¡si tiene uno de los índices más altos de democracia! —a Arthuro le sorprende el comentario de Ivana.

 —Bueno. Yo he vivido allí, Kris también. No es un régimen autoritario. Pero en la práctica, los poderosos pueden hacer lo que quieran, sin consecuencias. Y para el resto de la sociedad es complicado lograr justicia. No sé porque eso no se refleja en ningún índice, debe significar que no miden muy bien, ¿no?

 —¿Un ejemplo? —nuevamente Arthuro le pide que se lo aclare.

 —La sanidad. Si no recuerdo mal, en la época previa a la pandemia, su sistema sanitario aparecía entre los dos o tres primeros del mundo. Cuando llegó el coronavirus se lo llevó todo por delante. Fue el país con más muertos por millón de habitantes, y con más personal sanitario enfermo. Lideraron el ranking durante semanas. Eso demuestra lo poco preparados que estaban la Sanidad y el Gobierno español. Son datos absolutamente incompatibles con tener el mejor sistema sanitario. ¿No creeis?

 —¿Te contagiaste? — Es Anna la que se interesa.

 — Oh no, afortunadamente no, ya no estaba en España. Pero Kris y yo tenemos muchos amigos allí. Es un tema que hemos hablado con frecuencia con ellos. Mucha gente de ideas progresistas, de izquierdas, comenzó a cuestionarse el modelo en su totalidad. Incluidos nosotros. Era evidente que algo no funcionaba.

Sam pone caras como de no comprender. 

 —¿Lo entiendes? —le pregunta Anna.

 —Creo que sí, pero si no luego me lo explicas.

Arthuro interviene intentando centrar el debate.

 —¿Y qué tiene que ver lo ocurrido en España o en otros lugares con la dominación mundial Ivana?

 —Pues se podría disculpar a su sistema sanitario y justificar las malas decisiones del Gobierno de Sánchez. Al fin y al cabo se basaron en la imperdonable gestión de la OMS, pero, ¿no os parece demasiada incompetencia? ¿Que miles de personas implicadas en la gestión de una crisis sanitaria se equivoquen tanto? ¿Que profesionales de primer nivel no sean capaces de compensar las decisiones equivocadas de los máximos dirigentes?

—Ivana…. ¿quieres decir que lo hicieron a propósito? —Sam está absolutamente entregado, es como si estuviera viendo una película.

—En realidad no sé. No tengo datos suficientes para demostrar una conspiración cuyo fin sea la dominación mundial. Pero están claras las coincidencias de intereses y objetivos de una multitud de grupos políticos y económicos. 

—¿Qué objetivos?

—Uff, muchísimos. Los de las agendas ecologistas apoyadas en intereses económicos inconfesables… Los del feminismo de enésima ola, más interesado en su financiación que en resolver los problemas de las mujeres en el mundo… O los de una globalización que aprovecha cualquiera de estas ocurrencias para sus propios fines. Cada uno de ellos tiene sus particulares intereses, pero todos comparten un objetivo común: expulsar a los críticos, dejarles fuera del debate, para seguir con sus planes.

Ahora es Arthuro el que mira con ternura a Sam. Con lo del feminismo, la globalización y los críticos se ha perdido absolutamente. 

—¿Críticos de criticar? —dice Enri.

—Sí como vuestro padre, yo y tantos otros. Cualquiera que sea capaz de pensar por sí mismo, de tener una opinión que no cuadre con los dogmas dominantes.

Todos se quedan en silencio pensando lo que ha dicho Ivana, que aprovecha el silencio para continuar.

—Y tened en cuenta que los que vemos una amenaza para la libertad, venimos de posiciones ideológicas muy diferentes. A vuestro padre o a mí que somos socialdemócratas, pero de diferente forma, solo nos preocupa esa entente que quiere acabar con lo mejor que ha logrado el ser humano. Vemos cómo se van diluyendo los logros de la Ilustración, del humanismo, en pos de los objetivos de esos grupos, que cierran el espacio a todo lo demás.

AKA lleva un buen rato escuchando sin intervenir. Él conoce esa voz. La pregunta le sale sin pensar.

—¿Cómo lo hacen? ¿Por qué actúan así?

Ivana se queda con su voz. La ha reconocido.

—¿Quién ha preguntado?

—Soy AKA.

—Pues quieren hacerlo sumando una serie de objetivos miopes, para que los abracemos de manera acrítica. No deben cuestionarse, no podemos discutirlos, con un solo propósito: llevarnos hacia el totalitarismo. Se adorne como se adorne. ¿No es así Arthuro?

Arthuro asiente. 

—En lo que no estoy de acuerdo es en que eso ocurra de forma coordinada, que haya una conspiración por esa dominación mundial.

—Muy bien, eliminemos la conspiración de la ecuación, ¿qué cambia en el resultado de lo que estamos viviendo los últimos diez o veinte años?

Arthuro se queda pensando.

—En realidad nada. Estamos donde tenemos que estar.

—O la humanidad avanza o cae por el precipicio de la historia por la labor de unos pocos. La mayoría son espectadores pasivos, las masas no son capaces de transformar nada porque no son conscientes de su enorme poder. Y los que mueven los hilos harán lo imposible para que siga siendo así.

Está de acuerdo con Ivana. Esta mujer interesante, culta, que habla tan bien, pese a su simpático acento, o por eso también, ha tenido a los chicos con la boca abierta, escuchando, queriendo saber más. Arthuro le ha dicho más de una vez que se tendría que haber dedicado a la enseñanza. Ella siempre le dice que no, que los adolescentes no son lo suyo… Aunque en el fondo se siente muy halagada, tanto como para pensar más en ello.

-—Bueno chicos, espero que no os hayáis aburrido mucho. A la próxima os pongo un examen, les comenta divertida.

—¿Sabes? es que no es lo mismo que nos expliquen las cosas así, que los rollazos que nos sueltan en clase—responde Sam.

—Hay cosas que se pueden explicar de forma entretenida, otras no. Pero si creéis que el problema para entenderlo es cómo se cuenta, ¿por qué no las explicáis a otros chavales con vuestro propio lenguaje? Lo que os parece importante, lo que entendéis bien.

—¿Qué cosas? —pregunta Enri.

—Todo. Una idea, una noticia, un discurso político, ¿qué entendéis? ¿lo que dice, lo que no dice? La gente da por hecho lo que lee, sin cuestionarse, sin preguntar… ¿No tienen dudas, es por vergüenza, pereza…? Vosotros podéis hacer esas preguntas y plantear las respuestas, no estáis contaminados. Podéis pensar, hablar con libertad, mejor dicho debéis hacerlo, es vuestro derecho, pero también una obligación. Creo que tenéis un proyecto muy interesante donde realizarlo ¿Pandemiaddict? Así que si necesitáis mi ayuda estaré encantada de echaros una mano.

Arthuro cree que ya ha sido suficiente, sobre todo por su amiga.

—Venga chicos, otro día más, que Ivana tendrá cosas que hacer… Y aún tengo que aclarar un tema con ella.

—¿Hablaremos otro día? —pregunta AKA.

—Seguro AKA —responde Ivana—. Muy pronto.

Sam aplaude entusiasmado.

—!Qué guay!

—¡Hasta pronto!

Los chicos se despiden y se van de nuevo al jardín. 

—¿Anna es la novia de tu hijo? —pregunta Ivana.

—Uf, ni idea. No hemos conseguido averiguarlo. Anda siempre por aquí, así que si no es novia, es hija adoptiva.

—Jajaja, creo que haces buen negocio, parece una chica lista. Todos lo parecen

—Lo son y buenos chavales

—Me alegra haberlos conocido. Ahora me tienes que perdonar Arthuro, pero Kris me lleva echando miradas un rato. ¿Seguimos en otro momento?

—Claro, pues a la próxima dile que se una. ¡Y gracias!

 Los cuatro comentan lo que les ha contado Ivana.

—Ha sido mejor de lo que esperábamos, ¿verdad? —dice Anna.

—Sí, Sam no se ha dormido —bromea AKA.

—Bueno, pero me he perdido un poco.

—Yo igual también —reconoce el hacker—. Pero más o menos lo he pillado todo.

—Aunque AKA se ha quedado sin saber si está buena —dice Enri con tono burlón.

AKA sonríe desganado, está con otra cosa… Él sí sabe quién hay detrás de esa voz. Duda que Arthuro o Enri tengan idea de quién es en realidad Ivana, alias Dorsett.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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