Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Renacimiento III

“...tenemos un Estado caro, financiado con subidas de impuestos excesivas y con un creciente endeudamiento, y que a la vez es ineficiente en aspectos tan importantes como es la protección de la salud y del bienestar real de sus ciudadanos.... La descentralización sin buenos mecanismos de coordinación y confianza mutua genera infinidad de disfuncionalidades que acaban pagando los ciudadanos… Las élites extractivas utilizan las instituciones en su propio beneficio (o en el de su clan o movimiento ideológico) sin atender al bien común. Estas personas a su vez crean “instituciones extractivas” cuyo poder lo suelen detentar personas con pocos escrúpulos, egocéntricas, con un perfil profesional bajo, y poco respetuosos con la realidad...”

El falso dilema de salvar vidas vs. salvar la economía
Luis Huete, Profesor IESE Business School · 2020

Video del Congreso virtual en Pink-a-Gram Rooms. Hace dos años

Han sido días intensos en trabajo y satisfacciones, ha habido mucho de todo. Ivana se toma un respiro, en los recordatorios aparece al printcipio que tiene pendiente de ver el final del video de Joana, la profesora española, en el congreso sobre “La sociedad del post-coronavirus”. Se pilla un refresco, se enciende un cigarro y se va al balcón con la tablet, antes de que Kris tenga tiempo de regañarla. 

La conferencia sigue en la sesión de preguntas…

R.M pregunta “¿qué ineficiencias tienen los Estados occidentales? Si algo ha demostrado esta crisis, y todas las que ha padecido la humanidad, es la necesidad de un Estado preparado para actuar donde el ciudadano no puede llegar. Necesitamos Estados que sean capaces de reaccionar ante lo imprevisto. Pero no es así. Porque más gasto, no implica mayor eficiencia.

—El caso español es un buen ejemplo, aunque no sea extrapolable. En lo que va de siglo tenemos un crecimiento del gasto público sobre el PIB de más de cinco puntos. Principalmente en dos partidas: el coste de los empleados públicos, como yo misma, y el de las pensiones, que se ha multiplicado por tres. Una progresión insostenible.

El icono del enfado es el mayoritario, aunque son pocos los que están votando.

Creo que a menudo no somos conscientes, pero lento, imperturbable, el Estado crece, no para. ¿Hay un límite? Los más jóvenes no podrán soportar este nivel de gasto. Diríase que los políticos solo saben a jugar a detraer cada vez más recursos a la sociedad. Para eso no hace falta mucha imaginación ¿no? De hecho ni siquiera preparación. Probablemente por eso tenemos estos políticos tan poco capaces. E invariablemente dedican esos recursos a alimentar a grupos concretos, afines…

La reacción es más positiva.

—Y cuando realmente necesitamos al Estado, cuando su acción es imprescindible, resulta que no funciona. Que no estaba ni pensado, ni preparado para hacer frente a las crisis. Hemos heredado Estados ineficientes y no dejan de llegar políticos incapaces. Es una ecuación diabólica.

El verde supera ahora el 60%.

Nos pregunta E.L. si el Estado piensa en los jóvenes. Poco, en realidad. Las obligaciones del Estado con una buena parte de sus votantes condiciona las políticas públicas en su totalidad. En los países menos ricos eso condena a los más jóvenes a la pobreza, los de hoy y a las siguientes generaciones, inevitablemente. No hay recursos suficientes, así que la clase política los emplea en aquellos que más réditos electorales producen.

El verde se acerca al 70%. Y el resto se corresponde casi en su totalidad con el rojo.

”¿Es el Estado una solución válida en 2023?” pregunta M.N. Tiene que serlo. Pero no necesitamos un Estado que compita con los ciudadanos haciendo lo que ya somos capaces de hacer por nuestra cuenta, y además de una manera mucho más eficaz. La propia competencia que se genera entre ciudadanos, la creatividad que debemos desarrollar, son motores con los que el Estado no cuenta. Por tanto es imposible que compita con nosotros, no tiene sentido. Y lo digo al mismo tiempo como ciudadana, como socialista y funcionaria pública.

Crece ligeramente el rojo, pero el verde no baja del 65%.

En conclusión, si el Estado es ineficiente y ya no nos puede procurar lo más esencial:  la supervivencia, ¿por qué tendría que encargarse de nuestra educación o sanidad? El sector privado lo hace mejor. El Estado se debe centrar en que todos tengan acceso a ello, en paliar las desigualdades, en corregirlas de verdad y dejar a la ciudadanía lo demás.

Joana aguarda, solo encuentra una tímida reacción a sus palabras, por lo que insiste, para estimular alguna respuesta de los espectadores.

En vez de eso, los políticos gastan recursos inútilmente. Como si el dinero público no fuera de nadie. Ese es el germen de la corrupción, que contamina a toda la sociedad y convierte en inválidos a los ciudadanos. Para que el Estado funcione, los ciudadanos tienen que ser exigentes, y para eso no pueden ser tutelados de ninguna manera, ni intelectual, ni materialmente. Hay que soltarse de cualquier yugo, no importa si es de derechas o de izquierda.

Les lanza una pregunta…

—Subvencionar a algunos ciudadanos de por vida, ¿no es una forma de mantenerles atrapados, para que no puedan salir del agujero?

La respuesta de nuevo se acerca al 70% del verde.

Nos dice R.J. “¿Deberían los Estados actuar como una empresa privada?”. En lo que se refiere a la eficiencia, el Estado aún debería ser más exigente. Una empresa tiene que conquistar a sus clientes, convencerles de que apuesten por sus productos y no por la competencia. 

Parece que lo han recibido bien.

—Para los Estados europeos somos cautivos, sin embargo, las sociedades orientales no lo ven así. No entienden la función de un Estado que no haga lo que debe hacer y que presta servicios deficientes por un coste mayor. No solo es ineficaz, es de imbéciles aceptarlo. 

El emoticono de la sonrisa es el mayoritario y el verde vuelve a superar el 70%.

Por lo tanto cualquier Estado u organismo supranacional, que no esté preparado para afrontar los asuntos que los individuos por sí solos no pueden, como una crisis, no sirve para nada. Debe ser repensado en su totalidad. Y aquí es donde entramos los ciudadanos. Debemos cuestionarnos el papel del Estado. Por completo. 

El verde sigue manteniéndose alto y el rojo baja por primera vez por debajo del 20%. Joana insiste en esa línea.

¿Queremos hacerlo como los mejores o no? Siendo sincera, no tengo esperanzas de que eso vaya a ocurrir. Desde luego, no en países como Francia, Italia o mi querida España. Sus líderes eligieron modelo durante los meses de la crisis. El ratón que se va a parir se parecerá mucho más al ideal autoritario chino que al de la eficiencia coreana, sobre todo en España.

“¿Entonces, cuál es el papel de los ciudadanos en una sociedad eficiente?”, plantea R.B. Para lograr una buena calidad de vida hay que hacerlo cada vez mejor. Los que abogamos por el cambio político, económico, social… tenemos que trabajar. Los que estamos por un futuro mejor PA-RA  TO-DOS —afirma enfatizando cada sílaba—. Esto ya no va de míos o tuyos, de izquierdas o derechas, socialismo frente a liberalismo, o lo que sea. Se trata del interés de toda la humanidad, de ver qué ha pasado, qué tiene sentido, evaluar  costes y beneficios. Con 8.000 millones de personas hay que tomar decisiones.

El verde roza por primera vez el 80% y el rojo baja del 15. Los iconos del corazón y los aplausos triunfan.

Para mí está claro, hay que quitarle toda la grasa a los Estados. Solo uno eficiente, formado por gente que no se juega nada, que no está para quedarse, es capaz de tomar decisiones basadas en las necesidades comunes y no en su supervivencia o la de su casta. ¿Utópico? Sé que no es fácil. Pero no hay otra, es la propia opinión pública la que debe alzar la voz y reclamarlo.

La pregunta preparada por uno de sus ayudantes llega a tiempo.

P.Z. ha dado en la diana “¿y cómo se logra que los ciudadanos alcancen ese nivel de exigencia?”. No me entiendas mal, no se trata de cambiar un adoctrinamiento por otro. Hablo de aportar lo necesario para que piensen por sí mismos, de hacer lo preciso para transformar la sociedad, removiendo lo viejo, dejando que crezca lo nuevo. Renaciendo.

Joana toma el vaso de agua y antes de dar un trago, hace un gesto de conformidad dirigido a alguien que está fuera de plano.

Me indican que hay que dejar libre este canal. Comparto uno nuevo para los que quieran continuar el debate, con mis datos de contacto. Que tengáis una buena jornada. Muchas gracias por vuestra atención.

El asistente deja todos los datos en la pantalla en el slide final.

Si Joana hubiera estado presente cuando la profesora interrumpe la comunicación, habría compartido en directo los bravos entusiastas y comentarios de su equipo, reunidos en el laboratorio.

—Profe, un éxito. La valoración final ha sido positiva para un 48%. Un 22% la evalúa negativamente y un 14% neutro. Un 16% ha elegido No sabe/no contesta. Es el mejor resultado obtenido hasta ahora en este tipo de conferencias. Probablemente tendríamos un 60% de aceptación en una encuesta normal y en una con las preguntas adecuadas nos acercaríamos al 70%.

—Sí. Algo está cambiando —reconoce Joana—. Será cuestión de preparar esa encuesta. ¿Tenemos la información de contacto de los asistentes?

El colaborador responde afirmativamente, mientras Joana bebe otro vaso de agua, se lo ha ganado, está deshidratada. Necesita recuperar fuerzas, el cuerpo le pide azúcar, ¿dónde hay un donut? En media hora tiene un chat con algunos de los que han participado, quiere hablar con el perfil más activo, un tal I.B. Da un vistazo al móvil, hay un mensaje de felicitación de Golubev. Luego hablará con él. 

Ivana también tiene una charla pendiente con su viejo profesor. Lo que no imagina es que él también conoce a Joana.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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2 comentarios

  1. LUISA JIMENEZ

    Dos cosas.
    La primera es que los ejemplos de Asia que existen sobre la optimización del papel de los estados es muy minoritaria. Son excepciones dentro de océano de gobiernos autoritarios que se dan por allí.
    La democracia no es precisamente popular.
    En cualquier caso también está el factor de obediencia a la autoridad que es casi genético y que aquí se da muy mezclado con sentimientos de rechazo y boicot.
    Eso lo he visto en las empresas donde he trabajado a lo largo de mi vida. Es absolutamente inexplicable (para mí, que los demás lo encuentran de lo más razonable) cómo se premian personas y conductas absolutamente insolidarias y mezquinas hacia la empresa que las sostienen y hacia sus propios compañeros.

    Segundo.
    No dudo que el futuro esté en conferencias interactivas como la que describes en esta entrada.
    No sé describir bien la desazón que me entra cuando veo a la ponente pendiente de la valoración para ir modulando el mensaje.
    ¡Se parece tanto a los departamentos de demoscopia que manejan nuestros políticos!
    No es una crítica. Entiendo la utilidad. Pero sigo viendo mucho dirigismo y poco debate serio.
    No me refiero al que se abre después de la conferencia con algunas personas que se muestran más inquietas y activas.
    Echo de menos debates profundos hechos por auténticos intelectuales que se emitan íntegros al público. Muchas veces que me he visto perdida es en uno de esos cuando he visto algo que ha resonado especialmente dentro de mí y me ha abierto una puerta que ni sabía que existiera.
    El referente que tengo más a mano es el debate de la CLAVE. Pero también en publicaciones serias como Cambio 16 y Tiempo.

    Por último otra cuestión que a mí me preocupa especialmente.
    No es una petición, ni una sugerencia siquiera.
    ¿Qué pasa con la gente mayor que quiere trabajar, seguir siendo productiva, pero que no tienen unos conocimientos tan especializados como para buscarse la vida como autónomos?
    Estoy cansada de ver referencias a que tenemos que salir todos adelante pero sólo se hace mención a los jóvenes y a los pensionistas (éstos de forma peyorativa siempre)
    No es fácil encontrar soluciones a problemas tan complejos pero si no les damos opción a trabajar, y hay cientos de ocupaciones en las que pueden hacer un buen papel las personas de 45-65 años, y tampoco tienen cómo vivir solo veo una intención clara de que ésa fracción desaparezca cuanto antes para que todo vuelva a funcionar ‘bien’.
    Sé que te irrita mi insistencia pero alguien debe estar ahí para indicar que tu mensaje anda cojo…

    • Es posible, por mi experiencia cualquier gobierno asiático es más autoritario que uno europeo, por muy democrático que sea.

      Abres un montón de debates 🙂

      La tecnología está ahí y más que estará, a no ser que nos veamos abocados al fin del mundo, o algo similar, no hay marcha atrás. Lo que describo son solo posibilidades, irá mucho más lejos. Que uno module su discurso en función de la reacción, que se pare, que amplíe la información no es negativo per se. Ten en cuenta que esa información también la puede recibir la audiencia. Es algo que tendría muchas posibilidades.

      Y sobre los mayores y el trabajo creo que la demografía tiene la última palabra. 7800 millones y creciendo. No hay trabajo para jóvenes y mayores, en cada caso hay que elegir, y en muchos los recién llegados tienen los conocimientos y la experiencia necesaria ¿quién es el ganador? Por lo tanto no veo más salida para los más mayores que construirse su propio futuro. Algunas ventajas tienen ¿no?

      No me irrita nada que plantees 🙂 solo ten en cuenta quién es el lector objetivo.

      Un abrazo Luisa

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