Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

¡Es idiota!

"No pretendía que Pink-a-Gram se pusiera de moda. Solo hacer algo útil para mí, para los demás. Pero se nos fue de las manos [risas]. Así que me conformo con hacer un trocito del mundo un poquito mejor, con todos vosotros [aplausos]".

Mike Sanders, CEO Pink-a-Gram
Conferencia Anual, Kolkata · 2022

Casa de los Houston
Springfield

La madre de Anna lleva un rato en casa, no es lo más habitual porque siempre está danzando por ahí. Zahra es fotógrafa freelance y tiene que buscarse la vida.

 Anna no tiene padre, bueno sí, pero no sabe quién es. Su madre ejerce ambos roles y su hija lo lleva bien, casi siempre. La tuvo muy joven, tanto que a menudo la gente piensa que son hermanas. Lo parece, porque tienen buen rollo.

Anna saluda a su madre desde la puerta, antes de pasar por la descontaminación.

—¡Hola mamá! Qué raro que estés aquí.

—¿Si verdad? Anda ven y aprovechamos para cocinar algo. ¿Tienes hambre? Hoy estás muy guapa, ¿qué te has hecho en el pelo?

La madre de Anna pone más voluntad que habilidad a la hora de cocinar, pero consigue que los platos que prepara sean comestibles.

— Me he puesto una crema nueva en el pelo —le dice contenta jugando con sus rizos—. Comeré algo si lo preparas tú.

—Vale, voy a hacer spaghetti, ve poniendo la mesa. Y luego me enseñas esa crema.

Anna sigue dándole vueltas a la situación tan absurda que ha vivido Enri.

—Mamá, ¿tú crees que los chicos son idiotas?

—Buenooo, ya llegó la pregunta. No hija, todos no, son idiotas los que son idiotas. Aunque la buena noticia es que se les suele notar, así que te dará tiempo de huir de ellos. ¿No te habrás cruzado ya con alguno, no?

—No, en realidad no, bueno… no sé… Pero, es que a veces no los entiendo.

—Ellos dicen lo mismo de nosotras, ¿qué te ha pasado?

—Nada, o bueno… no lo sé. Me he enfadado mucho. He estado un buen rato arreglándome y bueno… Nadie se ha dado cuenta… Excepto Alice y tú.

—Sí, yo me he dado cuenta, pero supongo que te refieres a ese chico idiota que no se ha fijado… Para que lo sepas desde ya, los chicos a veces no ven esas cosas. O no saben cómo decirlo, o cuando lo hacen nos sienta mal. Yo que tú no le daría importancia.

—¿Y mi padre… también era así?

La cara de Zahra se ensombrece ligeramente.

—Anna, no me gusta hablar de ese tema, y lo sabes.

—Pero ¡yo quiero saber quién es!

—Anna, te lo he contado. Te he dicho todo lo que sé que no es demasiado. Se fue, se fue lejos al poco de que nacieras. Y nunca lo pude localizar. No le des más vueltas.

—Me gustaría tener una familia normal.

Su madre suelta una carcajada.

—No hay ni una, ni una normal. Anda, deja ya de pensar en lo que no tiene arreglo y vamos a cenar.

Ya en la mesa Anna vuelve a sacar el tema, le da pena ver a su madre tan joven y sola. A veces piensa que de no estar ella todo sería más fácil.

—¿No echas de menos tener un marido, mamá?

—Creo que no tendría ni tiempo para casarme con nadie, si lo encontrara.

—Y entonces, ¿el profe de Biología, el señor Greenpark? Os vi coqueteando el día de la reunión.

—Thomas es un hombre interesante, ya lo sabes. Tú hiciste lo posible para sentarnos juntos, pequeña casamentera… 

Anna asiente con mirada pilla. Fue hace casi un mes, a punto de acabar las clases, en la asamblea en la que evalúan los objetivos propuestos y alcanzados durante el curso. También se analizan los problemas que han surgido, para planificar el año siguiente.

A ella le encanta su profesor y de repente un día pensó en la buena pareja que haría con su madre. Tenía que forzar un encuentro entre ellos y la reunión fue la excusa perfecta para su plan. Que se sentaran juntos y comenzasen a charlar fue coser y cantar.

—Pero eso solo fue allí, yo ya no tengo nada más que ver.

—Bueno, digamos que tiene alguna posibilidad. Solo hemos quedado un par de veces para hablar de temas de trabajo. Le estoy muy agradecida por los contactos que me ha proporcionado. Si sale alguno de los proyectos nos vendrá muy bien.

Anna lo sabe de sobra, todos los gastos corren de su cuenta. Y jamás se queja ni se cansa de trabajar, en cualquier cosa que surja. 

—¿Y nada más? 

—Eso señorita, es asunto mío. Aunque puede que tu madre tenga una cita un día de estos…

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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