Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Dónde estás, maldito trasto

50 días de estrés: la espera interminable para un ganador confinado de Euromillones

La epidemia de Covid-19 también ha alterado el funcionamiento de las loterías francesas. Debido a las normas de salud, el afortunado ganador de un premio de 17 millones de euros el 20 de marzo no pudo cobrar su cheque de inmediato.

V. Mongaillard, Le Parisien · 2020

Springfield, Oregón

—¿Mario? ¿Dónde estás maldito trasto?

Enri ha salido al jardín a respirar aire fresco y a jugar con el perro. Lo llama con la fórmula que ha escuchado mil veces a su padre. Se queda sin aliento cuando se da cuenta de que no está. Mira cada rincón del jardín trasero, pero no hay señales de que haya podido escapar, ni una pista de cómo o por dónde lo ha podido hacer, pero eso es lo de menos. Los perros no pueden salir de una propiedad privada, ni solos ni acompañados. Si alguien lo encuentra suelto lo denunciará y lo sacrificarán.

Contacta con sus amigos, les cuenta que Mario ha desaparecido y les pide que vengan, cada uno por una ruta diferente, por si lo vieran de camino. Daryl lo hará en coche para ayudarles. Le dice que se pondrá en marcha en cuanto se ponga los guantes y la mascarilla, en cinco minutos estará en la calle.

Entra de nuevo en casa, su padre está en ese momento hablando con alguien en el ordenador. Decide no comentarle nada porque no sabe con quién está chateando, parece un tema de trabajo y con el nuevo lío de China se le ve más nervioso de lo habitual. Si su interlocutor se enterase de lo que está ocurriendo lo comprometería. Es una irresponsabilidad que un animal desaparezca de casa, la ley es muy severa al respecto también con los encubridores. Le envía un mensaje «Salgo un momento«, y le indica con un gesto que lo lea. Arthuro asiente y continúa con la conversación.

Sale a esperar a Daryl que llega en el coche de su madre. Menos mal que puede conducir y le echará una mano. Le llama AKA, ni rastro de Mario. En breve estará allí. Enri decide no esperar más y sale con su prima a buscar al perro. Cuando habla con Sam le pide que dé una vuelta por la zona del río. Anna está mirando en el parque próximo al instituto, de momento tampoco lo ha visto.

¿Dónde ha podido ir un perro que no sale nunca de casa? Siguen mirando por lugares en los que les parece que podría estar Mario, en las inmediaciones. Nada. Anna ya se ha unido a ellos y no lo ha visto por su ruta habitual. Sam y AKA tampoco.

Pasan un par de horas y no hay rastro de su querido perro. Si alguna persona lo ha visto por ahí deambulando, puede darlo por muerto. Pese a la presión de los animalistas las autoridades son muy estrictas con que se rompan las normas de aislamiento.

No hay señales de Mario, deciden regresar. Es momento de avisar a su padre y que sea lo que tenga que ser. Daryl vuelve a casa con Enri y los chavales a las suyas, menos Anna que ha insistido en quedarse con ellos hasta que lo solucionen. Al llegar, Enri le pide a Daryl que se vaya, no quiere que su padre se entere de que le ha ayudado, de que no ha contado lo que ha ocurrido. Con que le riñan a él es suficiente.

—Vale, pero dame un toque con lo que sea —antes de marcharse le hace un gesto señalando a Anna y le guiña un ojo. Como si Enri tuviera el cuerpo para eso ahora.

Dan unos golpes en la puerta de la cocina. Arthuro sigue delante del ordenador, les saluda con la mano. 

—¿Te parece que demos un vistazo por el jardín, a ver si averiguamos algo? 

Enri asiente, está muy preocupado. Se dirigen hacia allí y al entrar oyen un débil gruñido.

—¿Mario?

Un ladrido le responde. Enri mira con sorpresa hacia el lugar de donde viene el sonido.

—¡Es Mario! no se ha escapado —dice Anna.

El muy tonto está oculto entre las ramas del único árbol del jardín. A saber qué le habrá llevado hasta allí, nunca antes lo había hecho. Se habrá subido a perseguir a algún animal, se ha quedado atascado y no ha sabido bajar. 

Anna y Enri se abrazan. ¡Qué alivio!

—No se me ha ocurrido mirar ahí, soy idiota —Enri se disculpa.

—Tranquilo son los nervios. Yo tampoco hubiera mirado en un árbol, es un perro.

—Avisa tú a AKA y Sam ¿quieres? voy a decirselo a Daryl. 

Enri manda un mensaje a su prima mientras se asoma dentro de la casa para decirle a su padre que el perro está en un lío.

Entre los tres bajan a Mario que está visiblemente asustado. Los chicos no le cuentan que han estado por ahí buscándolo. 

—Este trasto nos mete en un buen embrollo un día de estos… Anda perro malo… —Arthuro da un vistazo a Mario para ver si se ha lastimado.

Anna y Enri se quedan solos. Ella acaba de avisar a los chicos de la buena noticia.

—Anna gracias por quedarte conmigo. Estaba asustado y después de cómo me porté ayer contigo, yo…

Anna se le acerca y le abraza con fuerza. Su precioso pelo rizado se desparrama inundando el aire de su característico olor a limón. Enri nota ese calambre que le recorre el cuerpo cada vez que la tiene cerca. Más intenso. Nota el pecho de ella apretado contra el suyo. Ahora es algo más que esa sensación, es más físico.

—Tu pelo huele fenomenal, ¿lo sabes?

Se miran fijamente. Anna sonríe, no es tan idiota como se había quejado a su madre. 

De repente siente el deseo de acariciarla, de apretarse más, mucho más. Y de besarla. No se lo piensa, es ahora o nunca. Puede que sin saberlo los dos hayan estado buscando este momento desde hace mucho. Sus labios torpes buscan los de Anna, que responde tímidamente al primer beso.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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