Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Alma, Investigadora Privada

«Tengo un presentimiento de una América en la época de mis hijos o nietos - cuando los Estados Unidos sea una economía de servicios e información; cuando casi todas las industrias manufactureras se hayan escabullido a otros países; cuando los asombrosos poderes tecnológicos estén en manos de muy pocos, y nadie que represente el interés público puede siquiera comprender los problemas;  cuando el pueblo ha perdido la capacidad de establecer sus propias agendas o cuestionar con conocimiento de causa a los que tienen autoridad; cuando, agarrando nuestros cristales y consultando nerviosamente nuestros horóscopos, nuestras facultades críticas en decadencia, incapaces de distinguir entre lo que se siente bien y lo que es verdad, nos deslizamos, casi sin darnos cuenta, de vuelta a la superstición y la oscuridad.»

Carl Sagan, The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark · 1996

Casa de los White

Un par de horas después los chicos están haciendo unas canastas en el patio, en casa de Sam. Todos menos AKA que siempre que puede se escaquea, los deportes de equipo no son lo suyo. Aprovecha para entrar a por algo de agua y Alma hace lo propio para aproximarse a él. 

—Señora White, vengo a por agua.

—Claro AKA, sírvete, si prefieres tienes también limonada recién hecha en la nevera.

—De momento solo agua y así tengo excusa para entrar otra vez. 

—Eres muy tranquilo, ¿verdad? Y estos que no paran, mi hijo por lo menos.

—Me gusta verlos jugar, aunque yo prefiero hacer otras cosas. 

Alma lo mira de nuevo, estatura media, delgado, no es de deportes de equipo, le gusta ir más a su rollo, por lo que dice su hijo.

—Pues nada te quedas aquí un poco conmigo y me cuentas qué cosas prefieres. Por cierto, he visto el video sobre lo de Asia y os ha quedado genial, enhorabuena.

—Sí, ha quedado muy bien la verdad.

—Es una suerte que vuestro equipo publique noticias tan frescas y tan de primera mano, cualquier periódico mataría por ello.

—Es posible que muchos dispongan de esa información, pero si a los medios no les conviene no dirán nada. Usted debe saberlo…

Aquí es cuando desaparece el adolescente. Alma tiene claro que está tratando casi con un igual, no con un jovencito imberbe que ha venido a por limonada.

—Seguro, eso lo sé yo… Y lo sabes tú. Todos sabemos mucho más de lo que contamos.

—Puede ser —AKA se pone en guardia.

Alma decide no andarse con rodeos.

—Por lo que has dicho parece que hay algo más detrás de lo que ha pasado. Aunque igual ha sido una impresión mía.

—Siempre hay algo más detrás de todo lo que pasa, solo se muestra lo evidente.

Le observa con curiosidad, una afirmación tan realista, aunque la encontrase en una galletita de la fortuna, no es lo que se esperaría de alguien tan joven. Admira que no sea tan average… Decide tirar la caña a ver qué pesca.

—Hacer una afirmación así es arriesgado.

—¿A qué se refiere señora White?

—A que salvo que tengas algún dato, una prueba que te confirme algo así, podrías meter la pata y buscaros un buen problema. Os ve mucha gente, supongo que eres consciente.

AKA está molesto porque ponga en duda lo que dice y responde sin pensarlo.

—No es ninguna mentira, tengo mis contactos.

Alma va a decir algo, pero en ese momento entra Sam.

—AKA, ¿traes el agua o qué?

AKA aprovecha para acabar con el interrogatorio.

—Voy —algo le dice que otra vez ha vuelto a meter la pata, es la ocasión perfecta para desaparecer—. Pues ya nos vemos señora White.

La investigadora se queda frente al ordenador, con una sensación extraña que no puede explicar. Sin conocer la actividad de AKA, de repente piensa en los hackers. A raíz de una investigación para la Fiscalía, ha tenido acceso a algunos informes que alertan de un aumento de intrusiones en webs institucionales y de organizaciones privadas.

Ha pasado la oportunidad de interrogar al chico. La conversación que ha tenido con él no ha eliminado la preocupación, la ha acrecentado. Sale a verlos jugar, todavía lo hacen como si fueran niños, sudando, riendo felices en ese trozo de aire libre. Así era todo antes de la maldita pandemia y quién sabe si alguna vez volverá a ser como antes…

Llaman a la puerta. Es el padre de Enri, Arthuro, que ha salido a comprar y viene a recoger a su hijo para llevarlo a casa. Pasa por la detestable descontaminación mientras Alma se dirige al patio para avisar a Enri de que su padre está allí. Regresa al interior y ofrece un refresco a Arthuro.

—Te lo agradezco, hace calor y apetece.

—¿Qué tal van las cosas?

—Bien, no me puedo quejar. ¿Y tú? se me hace raro verte en casa.

—Hoy tengo un día tranquilo, el primero desde hace mucho —sonríe y decide llevar la conversación al punto que le interesa—. Me ha dado tiempo hasta de ver hoy a los chicos.

—¿El video? A mí también, aunque empezado. Si te digo la verdad lo suelo ver en diferido, cuando puedo. Tengo mucha curiosidad con lo que están haciendo. No es nada fácil lo que han conseguido…

—Sí, se lo han currado mucho, aunque la información que les llega es muy valiosa… no es a la que accede habitualmente la prensa, al menos los medios pequeños, según me cuenta Oscar.

Prudentemente no le comenta que ha intentado hablar con AKA y lo que han tratado. Alma lo observa, no parece sorprendido.

—Pero no sé… —insiste ella— Me preocupa que se metan en cosas extrañas.

—Tranquilízate, controlan mucho los temas de Internet, tanto o más que yo. Pero de ahí a complicarse… no creo.

—Esperemos que no sea así. Mira, ahí viene tu hijo.

—Pues nos vamos a casa. Sigue contándome sobre el tema. Si quieres puedes compartirlo en el grupo, Sara estará interesada seguro, e imagino que Alice y Nick también.

—Ya veré, igual sigo tratándolo solo contigo.

Alma no tiene clara la implicación de Nick el padre de AKA en el asunto. Él podría ser su fuente, directa o no. Sus conexiones con Oriente, su posición política, lo harían posible. Como investigadora siempre se guarda alguna baza. 

 —¡Qué misterio! Ahora me voy con más curiosidad.

En ese momento entra Enri.

—¡Adiós, señora White!

—¡Hasta pronto, Enri! —y dirigiéndose a su padre—Ya te contaré.

—Ok. Nos vemos. Gracias por el refresco Alma.

Mientras conduce Arthuro va pensando en lo que le ha dicho Alma. Escucha como un murmullo de fondo la conversación de Enri, sobre el partido. Está acalorado, sudado, feliz, se nota que ha disfrutado del partido en casa de los White. Es tan buen chaval, le encanta lo que hace en Pandemiaddict, pero no quiere que se meta en problemas. Tendrá que prestar más atención.

Al llegar a casa Enri se va a la ducha y Arthuro se conecta inmediatamente con Ivana. Le cuenta lo que le ha dicho la madre de Sam.

—Cálmate Arthuro, no están haciendo nada peligroso.

—No quiero que vayan a meterse en un lío Ivana, te pido por favor que no los alientes con cosas raras.

—Arthuro te doy mi palabra de que solo les dije lo que me oíste aconsejarles. Nada más. No he tenido más contacto con ellos.

Ivana también se guarda algo. Por supuesto no le va a decir a su amigo nada de la relación que tiene con AKA por otros temas.

—Eso espero. Entenderás lo preocupado que me deja algo así.

—Lo entiendo y estoy siempre de tu parte. 

—Te lo agradezco. Cuídate.

—Tú también. Saluda a los chicos.

Mientras la imagen de Arthuro desaparece de la pantalla, Ivana es consciente de que tiene que hablar con AKA y explicarle un par de cosas. No está teniendo en cuenta el alcance de algunas de sus acciones, debe advertirle para que sea más cuidadoso.Se levanta a por una cerveza y sale al balcón a fumarse un pitillo. Con la cabeza más despejada vuelve al ordenador y se encuentra con un mensaje de Joana: “Mira la propuesta de manifiesto que te he enviado. Dime algo :-)”.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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