Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

AKA, contigo quería hablar

«Los únicos filósofos auténticos que hoy quedan son los policías.»

J.G. Ballard, Noches de cocaína · 1994

Una charla online

Los Verum se reúnen estrictamente cuando toca. No mantienen entre ellos más comunicaciones que las necesarias, por eso a Ivana le sorprende ver un mensaje de AKA un rato antes de la conexión prevista. No le viene mal, de todas formas tenía pensado hablar con él. Está claro que aún es joven y tiene que madurar, pero ser prudente es una de las máximas en su negocio. No puede comportarse de una manera que levante la más mínima sospecha. Incluso aunque provenga de una madre preocupada, que además en este caso trabaja como investigadora. 

—Contigo quería hablar, AKA.

Esa voz en plan has roto algo pone en alerta al chico, que decide escuchar calladito antes de comentarle el motivo de su llamada.

—Estuve viendo el video que hicistéis el otro día. Quedó muy bien y supongo que ha subido vuestra popularidad notablemente, enhorabuena por la parte que te toca. Aunque también me veo obligada a recordarte algo que pareces haber olvidado: discreción. No des a entender nada que pueda atraer la atención sobre tus otras actividades: “Se discreto, para protegerte a ti y a tus compañeros”. ¿Recuerdas? 

AKA no se atreve a decir nada. Es cierto que tiene que ser más humilde, no es la primera vez que se lo dicen. Ivana no ha podido hablar con la madre de Sam, así que solo queda una posibilidad.

—¿Has hablado con Arthuro?

—Eso no es asunto tuyo AKA. ¿Pero te das cuenta de que el mundo es un pañuelo?

—Ya. Pero os conocéis…

—Claro, ya lo sabes, pero te repito que no es un asunto que te incumba. Es una relación de amistad y profesional, nada relacionado con Verum. ¿Está claro?

—Sí, jefa. Clarísimo.

—No se te ocurra llamarme jefa de nuevo, ni hacer referencia de ninguna forma a mi sexo, edad o lo que sea. Ni una puñetera pista. No quiero que tengas una sola duda con esto. Creo que no me estás tomando en serio. ¿Has oído hablar de Ross Ulbritch?

—No lo recuerdo.

—Pero seguro que sí te has cruzado con Silk Road ¿verdad? —no espera la respuesta del muchacho—. Pues Ulbritch fue el fundador de Silk Road, un emporio en la Darknet, se dice que el FBI le pilló por un email. Esté de acuerdo o no con lo que hizo, una complejísima trama, que operó durante años y generaba montones de dinero, oculta bajo capas y más capas de anonimato se fue al traste por un simple correo electrónico. ¿Absurdo, no?

—Lo entiendo… Dorsett.

—No olvides nunca lo importante que es la seguridad. Nunca bajes la guardia, no te confíes. A Ulbritch ese email le costó una cadena perpetua. Encerrado para toda la vida. Pero aunque no fuera tanto tiempo ¿te apetece pasarte unos años en la cárcel?

—Claro que no. Lo he comprendido, de verdad, lamento haber hecho esa tontería.

—Muy bien AKA… así me gusta. Ten en cuenta que sabiendo tu edad, ahora mismo debería darte de baja del grupo o dejarte con otro tipo de labores hasta que seas mayor de edad, para que no nos compliques la vida.

—Pero…

—Pero nada. No voy a hacerlo, porque esta no es una organización al uso. Te voy a dar un voto de confianza, pero tendrás que redoblar tus esfuerzos. Al más mínimo desliz estás fuera.

El muchacho no responde, asustado por el tono y las palabras de Ivana.

—Y ahora dime por qué has conectado conmigo fuera de la reunión.

Si no fuera porque necesitaba su ayuda, después de la charla que le había dado lo habría dejado estar, pero Ivana era la única salida, no había plan B.

—No sé muy bien cómo contarte esto, pero tengo un problema, y serio…

—Cuéntamelo sin más. No le des vueltas.

—Hay un tipo que me quiere chantajear.

—Entiendo, y ¿por qué quiere hacerlo? ¿Has hecho algo?

—Sí, cambié la nota suspendida a mi amigo Sam. Un compañero del instituto se ha dado cuenta y quiere que le ayude a conseguir pastillas, es su negocio. Si no me delatará.

Por un momento a Ivana se le escapa una sonrisa. Es algo que a todos les había pasado alguna vez, que te pillen haciendo algo que no toca. Lo del chantaje ya es más serio, así que pregunta a AKA.

—¿Es capaz de hacerlo? Delatarte.

—Sí, es un tipo chungo, un compañero del instituto. Te juro Ivana, que si no hubiera sido porque se trataba de Sam no lo hubiera hecho. Solo era aprobar un examen, para que pueda pasar el curso, subir ligeramente la nota. No era algo complicado, el examen lo puso un sustituto y el profesor titular no iba a comprobar nada. Nada más. No he dejado la más mínima huella y tengo la mala suerte de que me pillen.

—Pues sí, pero por muy noble que fuera tu intención y por bien que lo hagas, siempre pueden surgir imprevistos. Ahora tienes un problema que resolver, tenemos que pensar algo.

Al joven hacker le gusta escuchar ese tenemos, porque eso es lo que pretendía, obtener la ayuda de Ivana.

—Tengo grabada la conversación en la que me cuenta lo que quiere hacer—asoma un pequeño momento de orgullo al decirlo— supongo que nos servirá para algo.

—Esto está bien, pero recuerda no presumir de tus acciones, basta con que hagas las cosas de la manera correcta. No trabajamos para darnos a conocer, sino para resolver problemas, ¿de acuerdo? Cuéntame más. El chico ¿es compañero tuyo de clase? Dime algo de su vida.

—No es buena persona, se llama Peter. Es el típico deportista, prepotente, sin dos dedos de frente. Si puede pisotear o burlarse de alguien lo hace. Va con gente que le sigue el rollo y luego fuera del instituto tiene un amigo que trapichea también. Su padre es concejal, muy conocido en la ciudad, es jefe del mío.

—Se me está ocurriendo algo según hablo contigo. Deja que lo elabore un poco y te comentaré. Necesito la grabación esa que me dices. Ahora prepárate para la reunión, quedan cinco minutos.

—Ok Dorsett. Gracias por tu ayuda.

Ivana mira su móvil. Tiene un mensaje de Anna. Un escueto “Hola Ivana, dime cuando puedo hablar contigo”. Le da la risa, ¿se han puesto de acuerdo?

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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