Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

La gran grieta china

And the wall cracks, and the wall cracks
And the wall cracks, and the walls come crumbling
Down with old ideals that could never work in modern times

Y la pared se rompe, y la pared se rompe
Y la pared se rompe, y las paredes se desmoronan
Caen con los viejos ideales que nunca podrían funcionar en los tiempos modernos

One man stands
Anthrax

Presa de los 1000 Años
Río Yangtsé, China

—No tiene importancia… —la poderosa voz de barítono de Yi Kuang se escucha en el túnel, por encima del ensordecedor ruido del agua.

Estudian con atención una fina grieta de varios metros de largo, que recorre la pared del túnel casi en vertical, en el lado que corresponde a la parte exterior de la presa.

—Pero, señor subdirector… ¡ha aumentado dos milímetros en cinco meses! —le indica alarmado el jefe de mantenimiento—. ¡El último milímetro en tan solo tres semanas!

Los tres hombres que se encuentran en el interior del túnel no pueden ser más diferentes. Yi, un gigante que roza los dos metros desentona absolutamente en ese escenario. Para acceder a las entrañas de la presa le han buscado a toda prisa un casco nuevo, un chaleco reflectante y unas botas impolutas. ¡Hasta sus dockers están planchados con raya! 

En cambio, el ingeniero, uno de los numerosos jefes encargados del funcionamiento de la presa, está en su salsa. Su labor se desarrolla habitualmente en los túneles.

El tercero, Liao Heng, es el asistente de Yi. Permanece en segundo plano, sin participar, tan solo consultando y tomando alguna nota ocasional en una tablet resistente al agua. 

Yi se dirige a una pequeña terraza que da al exterior, desde la que se puede ver el curso del río en la oscuridad, iluminado por los focos que recorren todo el muro de la presa. En la orilla más escarpada bancales con cultivos, en la contraria bulliciosas poblaciones. A su derecha la colosal cascada cae sobre el cauce con un estruendo enloquecedor. En el otro extremo varios barcos de gran tonelaje descienden por una esclusa, como si fueran de juguete. La construcción tiene unas dimensiones extraordinarias.

El subdirector entra en el túnel de nuevo y se planta delante de su subordinado. A través de las gafas de protección, observa al jefe de mantenimiento con gesto serio. Se acerca unos centímetros más de lo que se considera apropiado en la era post-pandemia. A esa distancia el encargado solo es capaz de sostenerle la mirada unos instantes. No suele hacer falta más para dejar constancia del lugar que ocupa cada uno.

La suya es una autoridad casi genética. La de una familia con un poder más propio de la antigua nobleza, cuyos orígenes se remontan al principio de la Dinastía Qing: antiguos políticos, militares y ricos comerciantes. Son especialistas en cabalgar las olas de la historia. Cuando Mao llegó al poder, también supieron encontrar sin hacer ruido el lugar que les correspondía, entre los advenedizos dirigentes que tomaron el Partido Comunista Chino.

—Las grietas forman parte de cualquier construcción. No son tan importantes. Estarás de acuerdo conmigo ¿verdad? —el asentimiento temeroso del jefe de mantenimiento es obligatorio—. Y una obra de esta magnitud también debe asentarse. La presa no es más que un adolescente que debe terminar de formarse. ¿Verdad?

—Sí señor.

—Eso es todo.

Cuando se marcha su subalterno, Yi Kuang respira profundamente varias veces. Lo hace porque no puede dar el bramido que le gustaría, para desahogar la rabia que lleva dentro. El técnico que se ha ido no tiene la culpa, él tampoco. Aquí no hay errores, porque el Partido Comunista Chino no los comete y punto. Pese a que muchos dirigentes del Ministerio no tienen ni puta idea de materiales, ni de construcciones, ni probablemente de nada que no sea medrar.

Heng se mantiene a una distancia prudencial y espera un poco antes de acercarse para recibir instrucciones. Reconoce la reacción que está teniendo su jefe en ese momento. Comprende el dilema que se les plantea tan a menudo: honestidad profesional o supervivencia política. Incluso los más íntegros eligen la segunda, cuando va la vida en ello.

—¿Señor…?

—¿Sí?

—¿Quiere que convoque al equipo de crisis?

—No, no hace falta. Ya nos han dicho que al parecer no tiene importancia. O que no debe tenerla.

El subordinado lo mira con atención. Sabe que Yi tiene otras respuestas. Hará o mejor dicho, no hará nada, como le han dado a entender. A ese nivel no hay órdenes, no hacen falta. Si algo sale mal la cabeza que rodará será la de Yi, literalmente.

—Pero señor, la grieta…

—¿Qué grieta? —dice mirándolo tristemente—. Tú lo sabes Heng, yo lo sé… Pero ellos prefieren no saber. La opinión que cuenta no es la nuestra.

—Entonces, ¿no lo reportamos?

Yi permanece en silencio considerando sus opciones, mientras echa a andar hacia la salida del túnel, seguido por su colaborador.

—Yo me encargo —afirma con rotundidad—. Puedes seguir con tu trabajo. Nos vemos en el centro de control.

—Sí señor. Con su permiso…

Yi se detiene, se da la vuelta y observa aquella enormidad. Su espíritu comienza a resquebrajarse, como esa pared… 

©HomoInternauta.com 2020. Todos los derechos reservados.

Compartir

Anterior

Homo Internauta. Presentación

Siguiente

Pandemias, inventos y sonrisas

2 comentarios

  1. Victoria

    Como la vida misma

Responder a josie Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright 2020 - Josie Udoccu · Quién  & Tema de Anders Norén