Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

Pandemias, inventos y sonrisas

Tercer aniversario del levantamiento de la cuarentena en América. 

Tras sucesivas oleadas y aislamientos el virus está bajo control. América se ha recuperado del impacto para su economía y crece a un ritmo superior al 3% anual. Aunque debamos lamentar el fallecimiento de más de 100.000 compatriotas americanos, durante estos últimos años, hemos demostrado al mundo de lo que somos capaces trabajando unidos.

La puesta en marcha en 2021 del Safe ID apadrinado por el Presidente Gates supuso una avance decisivo para controlar la evolución de la pandemia, detectar cualquier posible brote y abortar su difusión prácticamente en tiempo real. El Safe ID basado en el proyecto ID2020, está soportado por las principales corporaciones americanas y ha supuesto un cambio de actitud notable de la clase dirigente y de nuestra gran nación. La campaña ¡América Responde! ha despertado a nuestra sociedad, ha sacudido a nuestras empresas y nos coloca en una magnífica posición para competir con la China fabricante de virus.

G. Miles
Lion News · 2023

Casa de los Zonar
Springfield, Oregon

Siempre le resulta fascinante, el pequeño torbellino que forma el agua al irse por el desagüe del fregadero de la cocina. Es un hipnótico espectáculo.

En la cabeza de Arthuro Zonar van apareciendo retazos de algo todavía indefinido entre una nebulosa de ideas. Aún no sabe qué es. Vuelve una y otra vez al efecto Coriolis. Sin motivo alguno, no es nada concreto. La experiencia le dice que si lo deja fluir irá tomando forma. Si se empecina no habrá nada.

Vuelve a abrir el grifo un par de veces para observar el fenómeno de nuevo. Está recostado sobre el fregadero y el cabello castaño oscuro le cuelga sobre la cara y las gafas. Es un tipo atractivo, si bien esa incipiente barriga no suma puntos. Sus ojos verdes, pícaros e inteligentes son su principal arma de seducción.

Aunque ha hecho de casi todo para ganarse la vida, su tarjeta de visita dice: Arthuro Zonar, Inventor. Así es como se presenta a los demás. La inspiración aparece en cualquier objeto y lugar, en el comportamiento de los que le rodean… Cuando se pone estupendo, asegura que las grandes ideas surgen si coinciden la necesidad y la observación. Y ahí, en esa frontera, entre realidad e imaginación, es donde nacen los inventos.

Lo de ponerlos en marcha ya es otro tema. Eso le hace sentirse un tanto frustrado, a pesar de haber hecho realidad algunos y haber vendido otros. Por ejemplo, aquel prototipo supersimple para adosar un móvil a aparatos de gimnasia, que le compraron sobre plano.

Mientras espera el gran éxito, trabaja desde casa en una empresa de marketing online. Arthuro es un tipo inteligente, que se maneja bien con los números y los ordenadores. Una cabeza bien amueblada, en palabras de su suegra. Y viniendo de alguien con quien tiene una relación tan complicada, ese halago debería estar en el top ten de los mejores piropos del mundo.

El instante de paz, de creatividad que está viviendo, desaparece en un suspiro. En el jardín de la casa se escucha un gran estruendo al que siguen unos ladridos. Arthuro lanza un sonoro joder. No hace falta averiguar más, sabe que se trata de Mario, el perro travieso y algo loco de la familia. Sus trastadas son la norma, no hay día que no tire o rompa algo, por culpa de sus carreras en la parte de atrás de la casa. Arthuro sonríe al pensarlo, a pesar de todo, no lo cambiaría por nada. Ya saldrá luego a ver qué ha hecho Mario.

Revisa el email y se pone a responder los temas más urgentes. Al cabo de unos minutos un par de toques en el cristal de la puerta le obligan a levantar la vista. Es Anna, que pide permiso con el pulgar y un ligero movimiento. Antes de que Arthuro repita el gesto confirmando, ya está abriendo la puerta exterior que da acceso a la zona de control. Su carita risueña, que se adivina tras las gafas y la mascarilla, ya le alegran la mañana.

La muchacha se detiene un instante bajo el arco descontaminador, colocando los pies sobre la alfombrilla antibichos, como ella misma la bautizó. Un discreto pero audible beep, y el led que cambia de azul a verde, indican que todo está bien. Al finalizar el proceso, el chivato notifica al sistema central del Gobierno Estatal quién entra en la casa, enviando la identidad y los principales parámetros de salud del visitante. Al mismo tiempo un aviso aparecerá en los móviles de Arthuro y su esposa. En este caso, informará de que Anna ha llegado y está sana a más no poder.

A raíz de la pandemia de 2020 y los sucesivos confinamientos posteriores, el Estado de Oregón decretó normas siguiendo las directrices del Gobierno Federal. Las autoridades saben a lo largo del día dónde está cada persona, con quién ha estado en contacto y su estado, aprovechando múltiples dispositivos: teléfonos, relojes y los arcos obligatorios instalados en hogares, locales públicos, transportes… por todas partes.

Anna, mientras tanto, ha dejado sus zapatos en el higienizador de calzado. Es una especie de microondas voluminoso, modificado por el propio Arthuro para que entren un par de botas grandes en invierno.

Tras limpiar los guantes reutilizables, se los quita, los guarda en una funda y se coloca unas zapatillas desechables. Mientras observa el ritual higiénico, Arthuro piensa resignado que del email tendrá que encargarse más tarde.

Anna es atlética, más alta de lo que toca para su edad, con sus eternos rizos de mulata recogidos de mil maneras diferentes. Cada día lleva un peinado distinto que consigue destacar aún más sus enormes ojos de mirada inteligente. Se relaciona con su hijo, Enri, desde que iban al colegio, y ahora también van juntos al mismo instituto.

En casa no tienen muy claro si Anna es la muy mejor amiga de Enri, o su novia. Sea como sea siempre es bien recibida. Desde que él la conoce puede contar con los dedos de una mano las veces que no ha llevado la sonrisa puesta en la cara. Sara y él se alegran de que su hijo la tenga cerca, porque es una magnífica influencia. Vive con su madre en el centro de Springfield, y acude con frecuencia a ver a su amigo. Allí nada está demasiado lejos.

—Hola Arthur. A ver si me quito el olor a farmacia –manteniendo la distancia de seguridad apropiada, la muchacha saluda con voz cantarina, quitándole como siempre la o a su nombre.

—Menudo día ¿eh?

—Sí y total nos vamos a morir… 

A Arthuro le llama la atención esa expresión fatalista tan de moda entre los chavales… 

—Acabo de ver pasar corriendo a Mario por atrás… a toda pastilla —suelta una pequeña risita, mientras se desinfecta las manos desnudas, con gel del dispensador—. Llevaba algo enredado en la pata.

—Miedo me da salir a ver qué ha pasado… —responde Arthuro, quitándose las gafas—. Cada día se supera…

—No parece grave, creo —comenta la muchacha divertida—. No he visto sangre, ni a nadie espiando sobre la valla, Arthur.

Sonríe con un cierto deje de tristeza estudiando su aspecto. No ha conseguido adaptarse a la manera en que han cambiado las costumbres desde que empezó lo del coronavirus. Anna hoy lleva unas gafas de protección, con una montura de un verde escandaloso muy a la moda, imagina. El filtro nasal es de lo más discreto, pero el bucal, que solo cubre la zona de los labios le resulta de lo más inquietante, por muy chulo que sea el diseño. Le desconcierta no ver los labios de las personas con las que habla, vaya problema para los sordos.

—Bueno, saldré antes de que la lie más. Supongo que has venido a ver a Enri, ¿o solo pasabas por aquí?

—He pasado por aquí… porque quería ver a Enri…—recalca—. ¿Puedo?

Le encanta ese punto de ironía con el que Anna es capaz de precisar las cosas, poner a cada uno en su sitio y no perder la chispa. Un juego de palabras inteligente y simpático a la vez.

—Pues estará en su habitación, imagino —lanzando un guiño cómplice, se dirige a la puerta del patio—. Yo voy a ver si todavía existe el jardín.

Anna es una chica brillante, con muy buenos resultados en los estudios, además de una enorme iniciativa. Tiene un canal de Youtube en el que empezó a compartir cosas de la pandemia con gente de su entorno. Más tarde se sumaron su hijo Enri y otros amigos. El proyecto ha crecido y ahora tienen una web, pandemiaddict.com, en la que gente de todo el mundo comparte información útil, recursos y música. Él les ayudó a ponerla en marcha, aunque todo el trabajo técnico fue de AKA, otro de los chicos de la pandilla.

A Arthuro le gusta el carácter de Anna, que de alguna manera compensa un poco el del resto de los amigos frikis de su hijo. Especialmente la influencia de su sobrina, Daryl, siempre tan adelantada a su edad y tan indiferente a las críticas. 

De repente le da la risa. Está pensando igual que lo habría hecho su padre. Claro que eso es lo que es, padre. No puede evitar sentirse orgulloso de su hijo y quienes los conocen aseguran que Enri es una copia exacta de él mismo a su edad. Un poco ido, a menudo ensimismado, y siempre pensando más de lo que toca. Muy a su rollo, como tienen que ser los chavales a esa edad.

Maldita situación. Sus vidas han cambiado tanto… Es tan injusto lo que están viviendo todos desde que apareciera el maldito COVID-19, pero especialmente ellos… Ellos que apenas han tenido un pasado y casi han agotado el futuro. A no ser que alguien lo remedie… que alguien diseñe un camino diferente. No se puede alterar el giro del agua al irse por el desagüe, pero sí se puede dibujar un mapa alternativo. Tal vez no para todos. Para muchos. Para Enri y Anna… 

Suena un beep en su reloj e inmediatamente después en el resto de cacharros. No necesita mirarlo para recordar la conferencia que tiene pendiente y vuelve a su ordenador. Luego se encargará de lo de Mario.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

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6 comentarios

  1. LUISA JIMENEZ

    Ten en cuenta que no es un comentario a la historia.
    Acabo de llegar de comprar y me he sentado un momento a descansar y he aprovechado para leer algo agradable.
    Falta me hace. Anoche exploté en un chat de hipos que abrí para los que venían mensualmente a las reuniones de apoyo.
    Flipo con la asunción de la lo peor de la función de policía que los demás parecen haber asimilado con total naturalidad mientras tragan mierda a carretadas y se limitan a criticar si este o aquel salen acompañados de alguien, si no lleva mascarilla y discuten interminablemente sobre las horas a las que salir.
    Así que estoy, digamos, en un paréntesis. No tengo ganas de trabajar el coco hoy.
    Sólo un apunte. NADIE que tenga contacto con sordos utiliza la palabra sordomudo. Está absolutamente devaluada y proscrita del lenguaje que usamos tanto oyentes, sordos e Hipoacúsicos. Absolutamente todos hablan. Mejor o peor. Lo consideran un indulto sin paliativos. Di sordos sin ningún complejo. O sordos e hipoacúsicos, como prefieras.

  2. Juan Azanza

    Curiosa influencia de las mascarillas en las relaciones sociales de los sordos!

    • Para qué veas Juan 🙂 Y afecta a los que se les empañan las gafas e imagino que en mil circunstancias más

  3. Victoria

    Eso iba yo a comentar ! Lo del empañamiento de gafas y las orejas con sonotone …la mascarilla es un suplicio. A mí me ahoga,sin luchar con las otras dos cosas,como Juan. Simplemente hace que no me apetezca ir a ningún sitio por no ponérmela. Creo que me va a cambiar harta el carácter. Qué pesadilla!

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