Cómo empezamos a vivir online, sojuzgados por la tecnología y los poderosos. Una historia del futuro

¿Cambiamos el mundo?

And I put my faith in someone else
'Cause I will be just fine
Welcome to the jungle
Are you gonna dance with me
Welcome to the jungle
You got to close your eyes and see

Y pongo mi fe en alguien más
Porque estaré bien
Bienvenido a la jungla
Vas a bailar conmigo
Bienvenido a la jungla
Tienes que cerrar los ojos y ver

Jungle
Tash Sultana

Sede central de Pink-a-Gram
Sydney, Australia

Mike Sanders da un sorbo ocasional a un café aguado de máquina, mientras disfruta de la apacible noche de Sydney, asomado al amplio ventanal de la sala de reuniones. No tiene idea de cuántos lleva hoy, es lo único que bebe para hidratarse y aguantar. Pasadas las dos de la madrugada, la sala de la esquina sureste de Pink-a-Gram es el rincón más tranquilo en el que puede escapar de la vorágine diaria. La sede de la empresa bulle en actividad las 24 horas del día.

Sanders es un tipo de apariencia normal, que duerme poco. Esta última mirada a la ciudad es un ritual relajante que se permite antes de volver a casa. Con apenas veintiséis años es el CEO de Pink-a-Gram, la rompedora red social que ha crecido de forma fulgurante. Alcanzó los 500 millones de usuarios en menos tiempo que Facebook y siendo aún más joven que Zuckerberg. Es un emprendedor nato, un creador que quiere transformar el mundo y ganarle la partida a FB. Desde que era un chaval su referente ha sido Elon Musk, otro visionario.

A los pocos minutos entra alguien en la sala que permanece en silencio, expectante. Mike ve su reflejo en el cristal. Lo interpreta como una muestra de respeto que le gusta. Se dirige a él en tono amable.

—FPAS será un éxito Raul. Debemos darnos la enhorabuena —la felicitación suena de lo más sincera.

—Sí, tenemos algo interesante entre manos. Esa enhorabuena es para ti también, ha sido un buen trabajo —afirma Raul Armitage, CMO de la empresa, que contiene a duras penas el entusiasmo que siente.

Raul es el responsable del marketing de Pink-a-Gram. Una labor a la que Mike le ha ido sumando más responsabilidades en las áreas de nuevos desarrollos e investigación. Es una apuesta, una clara muestra de confianza en sus resultados y su estilo de gestión. Su aspecto es justo lo contrario, un rubio de cabello rizado, alto y atlético.

Ante la ausencia de respuesta, Raul que sigue consultado unos datos en su iPad, continúa.

—Tenemos material para que salga mucha basura a flote. Solo con los temas medioambientales y la evolución de la pandemia, podemos hacer ruido más que de sobra —da otro vistazo a la tablet—. Y bueno, lo de los influencers, que está casi cerrado.

Mike asiente. Raul espera algún otro comentario, pero se da cuenta de que su jefe ya está en otro tema. Ya lo va conociendo. 

—Disculpa, estoy con la cabeza en otra cosa… Sé que lo manejarás bien.

—Estamos trabajando a tope para conseguirlo.

Esos silencios de su jefe le resultan un tanto incómodos, le parece un comportamiento inmaduro. Decide aprovechar esa debilidad para estrechar lazos con Sanders.

—Pero, piensa una cosa Mike, todo esto de FPAS es un tanto circunstancial. Aunque forme parte de la estrategia, no es nada que no esperemos y que no sepamos por dónde irá… no tiene mayor importancia. Pero ahora párate por un instante…  Si pudieras elegir ¿qué harías?

Mike se da la vuelta y enfrenta la mirada de Raul con un gesto de curiosidad. Fue una decisión más que acertada elegirle para el proyecto. Les cuesta un dinero, que no sabían si podrían asumir. Es todo un personaje en el mundo del Internet australiano, una estrella en ascenso, aunque ha cumplido con creces. A sus innatas dotes, se suma la experiencia de haber trabajado en Estados Unidos, en Facebook y Tesla, con algunos de los grandes del marketing. Esa trayectoria le terminó de convencer para incorporarle al proyecto, solo quería a los mejores, y alguien que estuvo cerca de Musk tenía que serlo. Además tienen un buen feeling, suelen estar alineados.

—¿Lo que quisiera? ¿Cualquier cosa? Sería apuntar alto… Sabes que no soy de objetivos pequeños.

—Sí, cualquier cosa. Lo que se te ocurra, libertad total —lo lanza como una provocación, que sabe que su jefe atrapará sin pensarlo—. Imagina que no hubiera ningún condicionante, ni inversores dando la lata o controlando. Nada. Tan solo ese deseo que le pedirías al genio de la lámpara…

Mike lo mira con atención mientras formula la pregunta. Continúa observándolo sin hablar y se dirige hacia la ventana otra vez. Raúl aún no tiene claro si trata de parecer más reflexivo, si es algo impostado, o es la forma que tiene de pensar con claridad.

—Si fuera posible desarrollaría un sistema para que la gente pudiera crecer. Algo que les permita aprender todo el tiempo. Será fundamental en el futuro. Para el desarrollo de la humanidad.

Raul está a punto de intervenir, pero su jefe continúa.

—Me gustaría ayudar a las personas, para que fueran capaces de construirse una vida mejor, por sí mismas. Pienso en los de nuestra generación y en las que vendrán después, en lo complicado que lo tienen… El conocimiento es la base para el desarrollo, para alcanzar una vida plena. Sería como un nuevo renacimiento para la felicidad.

Le choca ese rollo medio naif, medio filosófico de Mike. 

—¿Se trataría de construir una felicidad que pueda ser real, que vaya más allá de los libros de autoayuda?

—Sí, es eso.

Raul sigue derivando la conversación al punto que le interesa.

—¿Y qué te lo impide?

Esta vez el paréntesis es más prolongado. Mike está considerando numerosas alternativas que se amontonan en su cabeza, todas a la vez. El CMO tiene un gran respeto por este genio, más joven que él, que ha logrado construir algo tan grande, cuando parece que todo está inventado.

—En realidad nada. En este punto ya podríamos hacer lo que quisiéramos. ¿No?

—Por eso.

La breve respuesta logra que Mike vuelva a prestarle atención. Se sienta al otro de la mesa. Le mira atentamente, mientras se recuesta en el sillón con los brazos cruzados.

—Lo cierto es que hemos alcanzado un nivel de tracción que solo nos puede llevar más lejos, no hay forma de ir hacia atrás… En un año podríamos tener 500 millones de unidades activas o incluso el doble.

Permanecen callados, antes de continuar desarrollando la idea que tiene en mente.

—Y con esas unidades —Mike se da cuenta de que el término no es políticamente correcto—, a partir de esa cifra de usuarios quiero decir, se puede construir cualquier cosa. No es posible que nos eliminen, ni nos desbanquen ¿verdad?

—Verdad. Así es. Solo pueden comprarnos. Podemos hacer cualquier cosa.

Sonríen. Raul lanza la pregunta definitiva.

—¿Lo hacemos?

—Por qué no —responde su jefe—. Hagámoslo.

Mike levanta el vaso de plástico que lleva en la mano. Raul hace lo propio, figurando que lleva también uno. Chocan las manos con gesto cómplice, han llegado a un acuerdo.

Mike se queda disfrutando un rato más de la vista nocturna de Sydney. Pueden hacer algo grande.

Raul conduce hacia casa en su coche, también piensa lo mismo. Pero por otro motivo.

Continuará…

Si quieres empezar desde el principio, aquí tienes el primer capítulo. Y luego dale a Siguiente.

©HomoInternauta.com 2020. Todos los derechos reservados.

Compartir

Anterior

Vórtices de pura energía

Siguiente

¿Nos vemos en Pink-a-Gram?

2 comentarios

  1. LUISA JIMENEZ

    Jose ¿por qué no pones una valoración al final de los textos?
    Visualizaríamos de una tacada cuáles son los que más han gustado.
    Sí lo pones con un contador también te daría una información importante, creo yo.

    • Vi tu otro comentario primero. Voy a ver como puede hacerse. En cuanto al contador no es necesario, hay estadísticas 🙂

Responder a LUISA JIMENEZ Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright 2020 - Josie Udoccu · Quién  & Tema de Anders Norén